¿Se han dado cuenta de que, últimamente, los temas más populares en los chats, en Instagram y en los get-togethers son básicamente uno solo? La edad. Todo el mundo hablando de quién come proteína, péptidos, IV drinks, calcio, magnesio… o sea, se toman la tabla periódica completa, en cápsulas, polvo y jeringas.
Y aquí hay de todo. Algunas saben muchísimo. Otras no saben nada, pero opinan igual. Unas solo escuchan y no juzgan (amén) y otras se meten TODITO lo que les recomiendan y después, muy generosamente, nos hacen el review.
Entre tanta presión, yo —que siempre he hecho ejercicio y me considero medianamente saludable— decidí organizarme por fin y sacar cita con el doctor de antiaging. Escribo a la clínica y me responden: “mucho gusto, cuesta XXX y la cita es en tres meses”. ¿Tres meses?
Ahí fue donde ¡zas! me arrebaté y le dije: “Mire, el mundo está temblando por todos lados —hay guerra en varios países, el agua escasea, quién sabe qué nos espera— ¿y usted cree que yo voy a pagar y esperar tres meses? No procede, ayúdeme amiga, esto tiene que suceder ya porque, imagínese, si ahorita me siento de 50, en tres meses seré de 100 y el daño será peor”.
La chica, obvio, recapacitó porque seguro pensó: “esta, además de vieja, está loca”. Pero me sacó cita para una madrugada de esa misma semana.

Los días previos a la cita, pregunté en el chat de amigas que si con este doctor había que quedar en ropa interior, como para no llevar mis pantis chiquitos. Y dice la otra: “Mónica, siempre que uno va al doctor debe ir en ropa interior decente”.
Bueno, #CadaUnoEsCadaUno. Yo me tengo que programar para eso, jaja. O sea, una vez fui a una policlínica pública, el único lugar donde tenían la vacuna de la fiebre amarilla, necesaria para viajar a Colombia. En la fila de puros hombres estaba una chica guapísima y yo más atrasito. Le toca ponerse la vacuna y ella, zas, bajándose el pantalón frente a todos (recuerden que era cita comunal). Y la enfermera le decía: “no se preocupe, es en el brazo”, y ella ya estaba en panti con los pantalones abajo. Así es que yo realmente pregunto para no quedar así… cuando el plan era asá, más recatado, pues. #Así&Asá
La cosa es que al final me atendieron con ropa puesta y todo salió increíble. Veredicto: estoy megasaludable. Lo único que necesito son unas vitaminas, dormir mejor y dejar de meterme en lo que no me importa (trabajo en proceso). Pero todo lo demás funciona de maravilla.
Y ya después de la cita me quedé pensando: hoy en día todos andamos hackeados con el anillito ese que te dice cuánto dormiste, cuánto comiste, qué te faltó, qué hiciste mal (o sea, la nube sabe TODO el régimen de la humanidad). Le agregamos tomarnos la tabla periódica completa. Confirmadísimo: vamos a vivir 200 años.
Pero ¿en qué tierra, en qué planeta, en qué universo?
Mi pregunta es: ¿y para cuándo nos preocuparemos por ser mejores personas? ¿Mejores trabajadores? ¿Más libres? Porque de nada sirve llegar a los 150 con el colágeno en su punto si seguimos siendo igual de amargados por dentro.
O sea, la pastilla que de verdad necesitamos es la que agrande el sentimiento de amor. Que nos haga sentir felices, plenos y realizados. ¿No creen?
Así que sí, ya lo logramos: vamos a vivir todos divinos, hidratados y suplementados por siempre… pero opino que le metan ahínco a inventar la happy pill. #Piénsenlo
Fotos cortesía de Mónica Gúzman Zubieta


