Salir a comer, siendo mujer y a esta edad, es todo un proyecto de vida. O sea, como ahora nos la pasamos contando proteínas, péptidos y macros, cuando uno se antoja de algo, toca comérselo en el día y horario específico que corresponde según tus exámenes de sangre. #AsíDeGrave. Sin embargo, como la vida NO ES FÁCIL (nunca), uno tiene que luchar hasta para romper el régimen, que ahora nos gusta llamar “nuevo estilo de vida”.
Resulta que en Panamá, desde hace mucho, ya somos una metrópoli como Miami o Madrid. O sea, sin reserva no se entra a cenar. Pero, como uno es así y asá de esta Banana Republic, a veces, ¡zaz!, se le va la onda. Porque, más que nada, lo que uno tiene es hambre, y con hambre el pensamiento se pone borroso, nublado y olvidadizo.
Yo he llegado a restaurantes con antojo de un plato específico, bien soberbia y empoderada, con mi familia y sobrinos. O sea, mesa para 10. Me preguntan: “¿TIENE RESERVA?”. Y yo, muy digna, digo: “No ¿pero tienen un espacito por ahí?”. Solo me mueven la cabeza de allá para acá y listo. Toca hacer un push turn —ese paso básico de poner la punta del pie adelante, presionar el piso y dar la vuelta hacia el pie de atrás— porque me voy, ¡pero con donaire!, a dar vueltas por la ciudad hasta encontrar quién nos siente.

Me pasó que, para el tercer restaurante, vemos el valet parking lleno y a unos hombres saliendo ensacados. Dice Álvaro:
— Aquí no nos van a atender porque parece que hay un evento familiar.
Y le pregunto:
— ¿Cómo sabes que es familiar si ni nos hemos bajado a averiguar?
— Bueno, parece que todos son familia, primos lejanos o algo así, porque todos son idénticos: gordos, calvos y con saco.
#Plop. La verdad, no vi falla en su lógica. No sabemos si era un evento de primos lejanos, de gente ya mayor con mucha hambre y mala genética, o simplemente el final de la hora del almuerzo. Pero, así o asá, no nos sentaron porque éramos un batallón.
Al final me quedé con mi donaire, mis diez acompañantes y el antojo intacto, confirmando que en esta selva de concreto, si no tienes el QR de la reserva, ni el mejor push turn del mundo te salva de terminar comiendo el huevo duro o batido de proteína en la casa. ¡Nivel leyenda!
La verdad es que no me sentaron en ningun lado Pero adivinen?!?! No rompí la dieta del nuevo estilo de vida. #LavidaTeDaYTeQuita.
Fotos cortesía de Mónica Gúzman Zubieta


