Cuando FIFA y Oxford Economics publicaron su reporte conjunto en marzo de 2026 sobre el impacto económico del torneo, la cifra de 80.000 millones de dólares recorrió los medios del mundo sin demasiada fricción. ‘Récord histórico’. ‘El más grande de todos’. Lo que los titulares omitieron, por falta de espacio o de interés, fue la anatomía de ese número: de dónde viene, en qué sectores aterriza y qué tan verificable es cada parte.
La cifra es un indicador de impacto total: gasto directo de visitantes más el efecto multiplicador sobre las economías locales, más el valor inducido en sectores que se benefician sin estar directamente vinculados al torneo. Pero son generosas frente a la realidad posevento. Brasil 2014 proyectó $13.000 millones, entregó entre $3.000 y $4.000 millones netos. Qatar 2022 construyó infraestructura por entre $200.000 y $300.000 millones para un torneo de un mes.
La diferencia de 2026 es estructural. Los estadios ya existen. Las ciudades ya tienen la capacidad hotelera, logística y de servicios. El anfitrión no es un solo país, sino tres (Estados Unidos, Canadá y México), y el mercado norteamericano tiene el gasto per cápita en entretenimiento deportivo más alto del planeta. Ese piso cambia el análisis. Incluso con una corrección académica severa sobre las cifras de FIFA, 2026 tiene condiciones materiales para ser el Mundial con mayor retorno económico real de la historia.
Lo que sí es cierto es que existen sectores económicos de alta expectativa y que generarán extraordinarios ingresos durante los 39 días que dure la cita planetaria. El primero de ellos, y el que mueve mayor volumen en menor tiempo, es el de las apuestas deportivas.
El mercado global de apuestas deportivas se estimó en $110,3 mil millones en 2025 según Mordor Intelligence, con un crecimiento compuesto del 7,3 % anual proyectado hasta 2030. El fútbol representa la categoría de mayor volumen dentro de ese mercado, y el Mundial es su catalizador máximo: ningún otro evento concentra más mercados activos simultáneamente durante tantas semanas. La propensión a apostar en partidos con selecciones propias es entre tres y cuatro veces superior a la de cualquier otra competencia, lo que convierte a cada partido en un pico de demanda predecible para los operadores con presencia regional.
América Latina es el territorio donde ese efecto es más pronunciado, y donde el ecosistema llega al Mundial 2026 en un momento de transformación estructural. Brasil, el mercado de mayor tamaño y densidad de aficionados de la región, completó la implementación de su marco regulatorio en enero de 2025 —después de años de operación en zona gris—. El resultado fue inmediato: según datos de la Secretaría de Premios y Apuestas del Gobierno brasileño, el 25 % de los brasileños hizo apuestas deportivas en línea durante abril de 2026, con el 98 % de los accesos hechos desde dispositivos móviles. Operadores como Betano, Sportingbet y Stake —que lanzó plataforma específica en México semanas antes del inicio del torneo— ya posicionaron campañas directamente vinculadas al Mundial. Colombia tiene el mercado más maduro de la región, regulado desde 2016 bajo Coljuegos. Argentina opera con regulación provincial fragmentada, con la provincia de Buenos Aires como el mercado más desarrollado. Chile y México atraviesan procesos de regulación activa.

1,5 millones de visitantes internacionales. Un gasto promedio de entre 2.500 y 4.000 dólares por persona. El Mundial 2026 es también el mayor evento turístico de la historia.
Ropa, bebidas y hotelería
Qatar 2022 fue el primer Mundial en superar diez millones de camisetas oficiales vendidas mundialmente durante el período del torneo. A un precio de retail de entre 90 y 150 dólares por unidad, el valor de esa sola línea de producto supera los 1.000 millones de dólares. Pero las camisetas son solo el producto visible de un ecosistema más amplio: balones oficiales, calzado de selección, accesorios licenciados, indumentaria de aficionado —categoría diferente a la oficial— y producto de fan fest. El mercado de productos licenciado FIFA durante el período del torneo se estima entre 2.000 y 3.000 millones de dólares adicionales.
El mercado mundial de ropa deportiva de fútbol alcanzó aproximadamente los $38.000 millones en 2024, con un crecimiento anual del 7 % al 8 %. Para 2026, la variable principal no es el crecimiento de la categoría sino la escala del evento: 48 selecciones en lugar de 32 significa un 50 % más de equipos con demanda activa de indumentaria oficial. Adidas, que viste a las selecciones de Argentina, México, España y Alemania, entre otras, ya anunció líneas específicas de producto para el torneo. Nike, con los contratos de Brasil, Estados Unidos y Portugal, tiene la mayor exposición al mercado del anfitrión. El ciclo de ventas se activa entre ocho y doce semanas antes del inicio del torneo y se extiende hasta la final: cuatro meses de demanda concentrada en una categoría de altísima rotación.
Uno de los grandes mercados en movimiento es el de bebidas y, para entenderlo, hay que empezar por Catar.
El Mundial de 2022 fue el único en la historia con restricción severa de alcohol en los estadios y sus inmediaciones. Budweiser había pagado aproximadamente 75 millones de dólares por el patrocinio de la categoría —cerveza oficial del torneo— y no pudo colocar un solo vaso en las gradas. La empresa absorbió la pérdida reputacional y renegoció condiciones para futuros ciclos. AB InBev, que opera bajo la marca Budweiser como patrocinador oficial de la categoría para 2026, tiene en el modelo norteamericano exactamente lo opuesto: estadios donde el alcohol es parte estructural de la experiencia del aficionado, con derechos de categoría que la industria estima en 500 a 600 millones de dólares.
El patrón de consumo está documentado. Durante el Super Bowl en la ciudad sede, el consumo de cerveza sube 20 % en la semana del evento, según datos de NielsenIQ. En Brasil 2014, Ambev —subsidiaria de AB InBev— reportó un incremento del 12 % en ventas durante el trimestre del torneo. El mercado de cerveza supera los 900.000 millones de dólares; el fútbol es su mayor catalizador puntual de consumo. En 2026, con 39 días de competencia, los analistas proyectan que la próxima Copa del Mundo podría aumentar las ventas globales de cerveza en nada menos que 568 millones de litros.

Las aerolíneas latinoamericanas registraron un incremento de 85.3 % en tráfico durante los meses del Mundial Qatar 2022, a pesar de que Doha estaba a más de 14 horas de vuelo desde Buenos Aires o São Paulo.
Por último está la industria de viaje. FIFA proyecta 1,5 millones de visitantes internacionales durante el torneo —la cifra más alta de la historia del evento—. Con un gasto promedio estimado entre 2.500 y 4.000 dólares por persona en boletos, hospedaje y consumo, el gasto directo del viajero internacional supera los 4.000 millones de dólares solo en este segmento. El revenue adicional para las aerolíneas durante el período del torneo se estima entre 4.000 y 6.000 millones de dólares en todo el mundo.
La dispersión geográfica de 2026 —dieciséis ciudades sede en tres países— es sin precedentes, y cambia la lógica del mercado aéreo. Especialmente en Latinoamérica. Mientras en Catar los flujos convergían hacia un solo aeropuerto, en 2026 los aficionados se distribuyen entre Ciudad de México, Dallas, Miami, Los Ángeles, Nueva York, Houston, Seattle, Boston, Kansas City, Philadelphia, San Francisco y Vancouver, entre otras. Eso activa rutas que en ediciones anteriores no tenían demanda mundialista. Las aerolíneas que tienen presencia en múltiples ciudades sede, como Copa Airlines, y las que conectan los mercados emisores de aficionados con esas ciudades, serán las ganadoras directas.
El Mundial 2026 se jugará en 16 ciudades sede distribuidas entre Estados Unidos, Canadá y México. Es la primera edición de la historia con tres países anfitriones simultáneos.
América Latina es el segmento que más cambia entre una edición y otra. Según los datos de IATA, las aerolíneas latinoamericanas registraron un incremento de 85.3 % en tráfico durante los meses del Mundial de Catar. Eso ocurrió a pesar de una barrera logística severa: la distancia entre Buenos Aires o São Paulo y Doha supera las catorce horas de vuelo, con al menos una escala. Los aficionados que hicieron ese viaje fueron, por definición, los de mayor poder adquisitivo y mayor propensión al gasto. Medios de la región estimaron —sin que exista un desglose oficial publicado por FIFA o el Comité Organizador de Catar— que alrededor de 45.000 aficionados argentinos, 35.000 brasileños y 20.000 mexicanos viajaron al torneo, convirtiendo a Argentina en el segundo país emisor de visitantes no-sede después de Estados Unidos.
Para 2026, la ecuación logística se invierte completamente. Miami está a ocho horas de Buenos Aires. Las mismas que São Paulo de Dallas. Además, con Panamá como hub con conexión a la gran mayoría de las sedes del Mundial, las posibilidades de asistir aumentan y se transforman en la diferencia entre un viaje accesible para un aficionado de clase media consolidada y uno reservado exclusivamente para el viajero de alto poder adquisitivo. Si Catar movilizó esos números con vuelos de catorce horas y precios de alojamiento de entre 8000 y 1.200 dólares por noche, las proyecciones para 2026 —con el mercado norteamericano como anfitrión y destinos a la mitad de distancia— apuntan a una participación latinoamericana sin precedente en la historia del torneo.

Budweiser pagó 75millones de dólares por ser la cerveza oficial de Qatar 2022. No pudo vender un solo vaso en las gradas.
¿Y los derechos?
Por encima de todos estos mercados existe un quinto, que no se ve en las calles pero sostiene la economía del evento: los derechos televisivos y el gasto publicitario.
FIFA vendió los derechos de televisión y streaming para el ciclo 2026 por aproximadamente 4.600 millones de dólares a nivel mundial. Solo en Estados Unidos, Fox Sports y Telemundo tienen los derechos del torneo. Telemundo proyecta una audiencia acumulada superior a 100 millones de hispanohablantes durante el torneo —la mayor en la historia de la cadena—. La final de Qatar 2022 fue seguida por 1,5 mil millones de espectadores en todo el mundo, el evento más visto de la historia de la televisión.
El gasto publicitario global asociado al torneo —tiempo en TV, digital, redes sociales, exterior— se estima entre 7.000 y 9.000 millones de dólares según proyecciones de GroupM y Zenith. Los patrocinadores de nivel máximo de FIFA —Adidas, Coca-Cola, Hyundai, Visa, entre otros— pagan entre 50 y 100 millones de dólares por ciclo mundialista. El revenue comercial total de FIFA para el ciclo 2023-2026 está proyectado en 11.000 millones de dólares, frente a los $7.500 millones del ciclo anterior.
Sumados, los cinco mercados —apuestas, indumentaria, bebidas, viajes y derechos mediáticos— construyen una economía paralela de decenas de miles de millones de dólares que se activa en 39 días, del 11 de junio al 19 de julio. No toda esa cifra es nueva riqueza: parte desplaza gasto que habría ocurrido de todas formas. Pero el nivel de concentración, la velocidad de activación y la escala del evento no tienen equivalente en el calendario económico del deporte. Los $80.000 millones de FIFA son una proyección de máximos. El número real, cuando los economistas lo midan en 2027, será más bajo. Pero incluso con una corrección sustancial, lo que quedará es el mayor movimiento de capital en la historia del fútbol.

El dinero que mueven 39 días
(11 de junio – 19 de julio de 2026)
- Apuestas deportivas (global): $110,3 mil millones (2025)
*Mordor Intelligence - Indumentaria y producto licenciado: $2.000/$3.000 millones (período torneo)
*Estimación de industria - Bebidas — derechos de categoría: $500–$600 millones
*Estimación de industria - Turismo / gasto viajero internacional: +$4.000 millones (1.5 m visitantes)
*FIFA / Oxford Economics Revenue - Aerolíneas (período torneo): $4.000–$6.000 millones
*Estimación sectorial - Derechos TV y ‘streaming’ (ciclo 2026): $4,7 mil millones
*FIFA - Gasto publicitario global: $7.000–$9.000 millones
*GroupM / Zenith - Revenue comercial total FIFA (ciclo): $11.000 millones
*FIFA
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