¿Saben cuándo es temporada de viajes? El trabajo no cree en vacaciones (o sea, como el mismísimo Canal de Panamá, que trabaja todos los días). Bueno, así pero asá, porque yo no soy Maravilla del Mundo donde dos océanos se dan la mano, ni trabajo para la ACP ni soy barco ni tengo esclusas… pero, bueno, sí trabajo everyday. Entonces, cuando se trabaja asá, para viajar uno pide los días libres, organiza acorde responsablemente las tareas, y así viajamos para disfrutar de no hacer nada.
En ese trajín previo a un viaje largo, me tocó comer sola. Y escuché al lado mío a un chico más atribulado que yo. O sea, yo escuchando cuento ajeno detenidamente, pude presumir que el chico organiza eventos. En esta ocasión era un funeral o una boda —festejos distintos, pero con el mismo fin: se acaba la vida propia (¡mentira! Comercial no pagado)—. Pero ajá, estaba el chico bien atormentado porque parece que alguien no se quería presentar a la misa en cuestión. Así es que él decía: “Bueno, que vaya y cante el Ave María… o que diga el Padre Nuestro. No sé, ay, es que estamos en Mercurio retrógrado. O sea, por mí puede cantar el Gloria a Dios con palo santo en la boca, pero, por favor, que se presente”.
Estuve a punto de voluntariarme para asistirle. De verdad que casi le pido la fecha del evento para irlo a ayudar. Ya saben mi trauma de Dora la exploradora: lo mío es escuchar y meter mi cuchara donde nadie me ha invitado. Anyways, me fui un poco preocupada con la producción aquella, pero la verdad es que yo tengo mis propios problemas. Así es que comí y me fui sin adquirir extrarresponsabilidades. Estoy madurando.

Hablando de iglesias: el otro día fuimos a misa católica en familia. Y en el carro les pregunto a mis hijos cómo les fue, si entendieron la Palabra y qué fue lo que más les gustó. ¿Saben? Así como para hacer vida familiar con crianza consciente y eso.
Pues respondieron bien y entendieron. Y #delanada dice Álvaro, mi hijo menor: “Ok, mamá, la verdad es que los curas son bien optimistas. Pero te hago una pregunta”. Y no les voy a mentir: cuando Álvaro pregunta, una debe tener el ChatGPT abierto, porque lo que viene es una pregunta difícil y de desarrollo, pero yo jamás hacerme la bruta. Muy digna y serena, siempre le digo: “Claro, mi amor, cuéntame qué te inquieta”.
Y dice: “Si un papá tiene un hijo que se vuelve cura, ¿cómo le dice?, ¿HIJO o PADRE?”. #Jaja. Ni ChatGPT tenía la respuesta.
En conclusión: viajar no es fácil, pero hay que hacerlo porque desarrolla el alma y abre la mente. El Canal de Panamá es la ruta que conecta el planeta, y dice ChatGPT que lo natural es que le siga diciendo “hijo”, porque el vínculo familiar no cambia solamente porque el hijo se ordene sacerdote.
¿Qué tiene que ver? Nada. Pero ya ustedes saben, yo hablo así&asa.
Fotos cortesía de Mónica Gúzman Zubieta


