La historia de la familia Mallol ha estado ligada al diseño, la arquitectura y las artes desde varias generaciones atrás. Sin embargo, gran parte de esa sensibilidad se consolidó en el entorno en el que crecieron Marietta, Ignacio y Ximena Mallol.
La casa familiar en La Alameda, diseñada por Ignacio Mallol (padre) reflejaba una forma distinta de entender la arquitectura para su época. El uso del color, la luz natural y los espacios poco convencionales la convertían en una propuesta singular dentro de su contexto. Más que una expresión estética, era una demostración de cómo el diseño puede influir en la vida cotidiana y en la manera como las personas experimentan los espacios.
“Creces en un ambiente donde todo gira alrededor del diseño y de la manera en que se construyen los espacios”, recuerda Marietta. “Desde muy temprano entendimos que los lugares donde vivimos tienen un impacto directo en nuestra calidad de vida”.
Esa visión fue impulsada tanto por Ignacio Mallol como por su esposa, cuya sensibilidad artística desempeñó un papel fundamental en la formación de la familia. “Mi mamá tenía una sensibilidad extraordinaria hacia las artes”, recuerda Ximena. “Siempre estuvo involucrada en las conversaciones sobre diseño, arte y estética, y aportó una perspectiva muy valiosa en todo ese proceso”.
Juntos construyeron un entorno donde la creatividad formaba parte de la vida diaria. La influencia artística venía también de generaciones anteriores, con antecedentes familiares vinculados a la pintura, la música y otras expresiones culturales.
“Era una sensibilidad que ya existía en nuestra familia”, explica Marietta. “El diseño, el arte y la creatividad siempre estuvieron presentes de una manera muy natural”. Más que transmitir una profesión específica, sus padres les enseñaron una forma de observar el mundo. Desde jóvenes participaron en visitas a proyectos, conversaciones sobre diseño y experiencias relacionadas con la arquitectura, lo que despertó en ellos un interés genuino por esta disciplina.

Cuando llegó el momento de elegir una carrera, el camino surgió de manera natural. Marietta optó por el diseño de interiores, mientras que Ignacio y Ximena eligieron la arquitectura. “Era algo que formaba parte de nuestro entorno desde siempre”, comenta Marietta. “Más que una decisión puntual, fue una evolución natural de todo lo que habíamos vivido”.
Detrás de esas elecciones existía una pregunta que continúa guiando el trabajo de la familia hasta hoy: ¿quién va a vivir este espacio y qué necesita realmente para vivir mejor? Hace veinticinco años, Marietta se incorporó al equipo de interiorismo de Mallol Arquitectos. En ese momento, la firma desarrollaba principalmente proyectos residenciales de alta gama y colaboraba con reconocidos profesionales internacionales.
Uno de ellos fue el diseñador italiano Antonio D’Andrea, con quien trabajó durante varios años. La experiencia le permitió participar en proyectos de gran complejidad, desarrollar capacidades técnicas y comprender los estándares internacionales del diseño residencial.
“El espacio donde vives es una decisión, no un accidente. Eso es lo que crecimos viendo”. Marietta Mallol
“Fueron años de mucho aprendizaje”, recuerda. “Trabajábamos junto con profesionales con una visión muy definida y eso nos permitió adquirir una experiencia muy valiosa”.
La pandemia marcó un punto de inflexión. A medida que las personas replantearon la manera como habitaban sus hogares, aumentó significativamente la demanda de viviendas unifamiliares y espacios diseñados para responder a nuevas dinámicas familiares.
Fue en ese contexto cuando Marietta y Ximena impulsaron una transformación importante dentro de la firma: integrar arquitectura e interiorismo desde las primeras etapas del proyecto. La propuesta partía de una idea sencilla pero fundamental: los espacios deben concebirse de manera integral, evitando la separación tradicional entre arquitectura e interiores. Así nació Lifestyle, una división enfocada en desarrollar experiencias residenciales completas, donde ambas disciplinas trabajan de manera coordinada desde el inicio.

La misma pregunta, otra escala
Hace un año, Ximena asumió la dirección de Community, la división especializada en proyectos residenciales de alta densidad. El cambio representó un nuevo desafío profesional y la oportunidad de aplicar la misma filosofía de diseño a una escala completamente distinta.
“Mi cliente cambió radicalmente”, explica Ximena. “En Lifestyle trabajamos directamente para las familias que van a habitar los espacios. En Community, nuestro principal interlocutor es el promotor inmobiliario”. Los proyectos son diferentes en tamaño, complejidad y estructura financiera. Sin embargo, la pregunta central permanece intacta.
Detrás de cada desarrollo existen cientos de personas que, eventualmente, habitarán esos espacios. Comprender sus necesidades, anticipar su experiencia cotidiana y diseñar pensando en su bienestar sigue siendo el objetivo principal del proceso.
Detrás de cada proyecto de alta densidad existen cientos de personas que harán de ese espacio su hogar. Esa realidad es la que guía la visión de Ximena dentro de Community. “Cuando pensamos en un proyecto residencial, pensamos en las personas que lo van a habitar todos los días”, explica. “Más allá de las métricas comerciales, nos interesa entender cómo será su experiencia cotidiana y cómo el diseño puede contribuir a mejorarla”.
Con esa visión, una de las primeras iniciativas impulsadas por Ximena fue integrar a los equipos de interiorismo desde las etapas iniciales de cada proyecto. Tradicionalmente, arquitectura e interiores se desarrollaban de manera independiente, lo que generaba procesos fragmentados y, en muchos casos, decisiones que debían ajustarse cuando el proyecto ya estaba avanzado.
Hoy, la metodología es distinta. Arquitectos e interioristas trabajan de forma coordinada desde el inicio, permitiendo que las decisiones relacionadas con la experiencia del usuario, la funcionalidad y la calidad espacial formen parte integral del proceso de diseño.
Esa manera de pensar tiene sus raíces en los valores que Ignacio Mallol transmitió desde los inicios de la firma y que continúan guiando su evolución hasta el presente. Para la familia, la verdadera medida del éxito no está en la primera impresión, sino en la capacidad de un proyecto de seguir funcionando, emocionando y aportando valor con el paso de los años. “Mi propósito es que los proyectos permanezcan vigentes y significativos para quienes los habitan”, comenta Ximena.

Una visión compartida
El crecimiento de Mallol Arquitectos durante las últimas décadas ha estado acompañado por una evolución constante de su estructura, sus servicios y sus áreas de especialización. Sin embargo, existe un principio que permanece inalterable: la convicción de que la arquitectura y el diseño deben responder a las personas que vivirán, trabajarán o interactuarán con los espacios que se crean.
Hoy, esa visión se expresa a través de distintas áreas de la firma. Ignacio Mallol Azcárraga lidera la continuidad estratégica y operativa de una organización que ha crecido significativamente en escala y complejidad, asegurando así la integración entre equipos, disciplinas y procesos. Desde Lifestyle, Marietta Mallol impulsa una visión centrada en el diseño integral de experiencias residenciales, donde arquitectura, interiorismo, materialidad y bienestar se conciben como una sola experiencia.
Ese enfoque se complementa con Materia, una iniciativa dedicada a la investigación, validación y selección de materiales, proveedores y soluciones que respondan a los más altos estándares de calidad.

Por su parte, Ximena Mallol lidera Community, llevando esa misma filosofía al desarrollo de proyectos residenciales de alta densidad. Su enfoque busca incorporar desde el inicio criterios de diseño, funcionalidad y experiencia de usuario que contribuyan a generar mejores espacios para las comunidades que habitarán cada proyecto.
Aunque cada uno desarrolla su trabajo en contextos distintos, todos comparten una misma forma de entender el diseño: la calidad de un proyecto no se mide únicamente por su imagen o por su impacto visual, sino también por la experiencia que ofrece a quienes lo utilizan día tras día.
Esa manera de pensar tiene sus raíces en los valores que Ignacio Mallol transmitió desde los inicios de la firma y que continúan guiando su evolución hasta el presente. Más allá de una imagen atractiva o una presentación impecable, un proyecto exitoso debe mantener su valor cuando es vivido. Debe funcionar en los detalles, en la calidad de sus espacios, en la manera como las personas se relacionan con ellos y en la experiencia que ofrece con el paso del tiempo.
En una industria donde la primera impresión suele tener un gran protagonismo, Mallol Arquitectos continúa apostando por aquello que permanece: la calidad de los espacios, la atención al detalle y el bienestar de las personas que los habitan.
Porque, al final, la pregunta sigue siendo la misma que ha acompañado a la familia durante generaciones: ¿quién va a vivir aquí y qué necesita realmente para estar bien?
Fotos por Aris Martínez



