¿Saben? Estuve leyendo sobre lo distinto y difícil que será la adaptación a la adultez y al mundo real de esta nueva generación. O sea, que por primera vez no estamos evolucionando, sino que nos estamos degenerando. Eso recae en su supervivencia al 100 %. Y digo, no es su culpa haber nacido en esa generación específicamente; simplemente les tocó.
Por ejemplo, el otro día conté por Instagram que estaba fascinada escuchando audiobooks, y me dice una psicóloga que me sigue: “Mónica, ¿sabes que eso no es saludable? Porque no lo estás leyendo TÚ, te lo están diciendo y tu cerebro recibe la información como si fuera una orden y un mandato, lo que hace que la experiencia imaginativa sea nula”. Me quedé ASÁ.
Porque, realmente yo amo leer libros de papel, subrayar y poner una carita feliz cuando me gusta la oración. Peeero escucharlos era como mi nueva obsesión, ya que manejando estaba “leyendo”. Ahora resulta que no es así, ¡que lo que estoy haciendo es dañándome el cerebro! Ayala vida.
Vivir a mil por hora, pero para atrás.
Manual de supervivencia para vivir Así&Asá.

Bueno, en ese tipo de conversaciones me quedo enganchada con alumnas que van y vienen del college con una cantidad de interrogantes. O sea, yo sé que el mundo va avanzando y que jamás tendrán que mandar un fax ni esperar en fila para recoger nada, ni correr a buscar agua, galletas e ir al baño en los dos minutos que duraban los anuncios comerciales de su serie favorita. Pero, digo, tampoco es para que vivan TAN despegadas de lo humano y lo real, ¿no? ¿O será que, como ya todos tendrán el cerebro subdesarrollado, no se darán cuenta de que están así y, ¡zasss!, comienzan a evolucionar en grupo? ¿Me expliqué? O sea, llegamos al final del camino y toca ir para atrás para comenzar la espiral de vuelta.
Mi amiga, que creció en el interior del país y fue muy feliz viviendo sencillo, con todo como antes —y “allá donde uno” aún más—, me cuenta que iba a la escuela con amiguitas que solo tenían sobrenombres: “ChancletitaMalPisaa” (por la manera como le daba forma a sus chancletas de foam), “3x25centavos” (porque eran unas hermanas muy flaquitas), y también estaba Feo. El hermano de Feo era Feíto y luego nació uno más, así es que se llamaba TripleFeo. Y así andaban por la vida con su sobrenombre autóctono, sin mayores preocupaciones.
Bueno, esa misma chica ahora vive en el extranjero y le preocupaba que su hija viviera una juventud fría y aburrida. Pero resulta que la hija ha salido de lo más culta: ama leer, los museos y la historia, y la verdad ha disfrutado mucho ser expatriada. Sin embargo, llegó el otro día a casa muy brava porque en la escuela religiosa les mostraron el David y le taparon las partes privadas, al igual que a la Venus de Milo, las señoritas de Avignon y La maja desnuda. Y alegaba HISTÉRICA que así no se podía estudiar historia; que la generación de cristal y sus traumas deben tener un límite, aunque sea educativo.
Entonces, TODO ha cambiado. No sé qué le espera a esta nueva generación, donde todo va tan rápido, pero a la vez con tanto retroceso. O sea, vamos Así&Asá.
Fotos cortesía de Mónica Gúzman Zubieta



