miércoles, octubre 14, 2026

NEWSLETTER

More

    ‘Finjamos demencia’

    Sebastián Campanario lleva dos décadas apostando por el tiempo largo sobre la urgencia del día. Economista y periodista argentino, columnista de ‘La Nación’ y autor de ocho libros, ha construido un sistema de pensamiento sobre la disrupción que no empieza ni termina en la inteligencia artificial.

    Compartir:

    spot_img

    Hubo un momento en que Campanario cubría lo que todos cubrían. Viajaba con presidentes, seguía las negociaciones con el FMI, escribía sobre reformas que llenaban portadas. Era editor de economia y política de Clarín, el diario argentino de mayor circulación en el mundo hispanohablante, con más de un millón doscientos mil ejemplares cuando él estaba. Tenía acceso al centro de gravedad de la coyuntura regional. Y, en algún momento, tomó una decisión que a sus colegas les pareció desconcertante: se fue.

    No del periodismo… se fue de la urgencia. Empezó a escribir sobre inteligencia generativa en 2017, cuando GPT-3 era un experimento sin audiencia. “La gente no entendía qué era este loco escribiendo de eso —dice— . A mí me parecía que era como un meteorito que venía”. Lo que sus editores veían era un tema sin lector evidente, pero lo que él veía era lo que nadie nombraba todavía.

    La paradoja que alimenta su trabajo tiene una formulación precisa: el problema no es que los líderes no vean lo que viene; el problema es que, al verlo, presumen que les va a tocar a otros.

    Él lo llama el sesgo de invulnerabilidad. No es un concepto suyo: lo desarrolló un médico norteamericano en los 90 para explicar por qué durante la pandemia había gente que no se lavaba las manos porque estaba convencida de que el virus era un problema ajeno. Campanario lo trasladó al mundo empresarial y lo encontró igual de robusto. “Trabajo con setenta, ochenta empresas por año —afirma—, y lo que veo, una y otra vez, es esto: ‘finjamos demencia. La ola va a afectar al resto, no a nosotros”.

    El mecanismo es más sofisticado que la ignorancia. Requiere información. El empresario que lo padece sabe perfectamente que la inteligencia artificial está transformando industrias, que la demografía está cambiando los mercados, que el horizonte de competencia se redefine. Sabe todo eso y, precisamente porque lo sabe, construye la narrativa de por qué su caso es distinto. Su sector tiene particularidades. Su mercado está menos expuesto. Su empresa ya está “trabajando en eso”.

    “Hoy la brecha es más entre motivados y no motivados. Dentro de las mismas empresas, algunos empleados multiplican su productividad por diez. Otros permanecen estancados”. Sebastián Campanario

    Un indicador del FMI le da escala a ese patrón: la incertidumbre global está hoy en más del doble de lo que registraba durante la pandemia. “La pandemia era una normalidad comparada con el ahora”, asegura Campanario. Él lee ese dato desde el marco conceptual que estructura todo su pensamiento: vivimos en lo que Nassim Taleb llama Extremistán, donde los eventos de cola no son excepciones estadísticas sino la norma emergente. “Ya no vivimos en Mediocristán”, explica. “En Extremistán es como si vos caminás por la calle y te encontrás una persona que mide dos centímetros o que mide veinte kilómetros. Los cisnes negros, para bien o para mal, tienen muchas más probabilidades de ocurrir que antes”. La distribución normal dejó de describir la realidad. Los modelos construidos sobre ella, también.

    Un estudio reciente de EY sobre el mercado laboral en América Latina ofrece la evidencia regional de ese desfase. El 93% de los empleados en la región ya usa inteligencia artificial en su trabajo, por encima del promedio global de 83%. Pero solo el 28% de las organizaciones está posicionada para convertir esa adopción en resultados de alto valor. Las empresas pierden, según el mismo estudio, hasta el 40 % de la productividad potencial de la IA por brechas en su estrategia de talento. Latam no tiene un problema de acceso a la tecnología, sino un problema de aprovechamiento. Ese problema tiene un nombre.

    El economista lo describe con lo que observa en sus propios seminarios. “Hoy la brecha para mí es más entre motivados y no motivados, y se está abriendo”. Cuando las empresas integran IA de manera intensiva, algunos empleados multiplican su rendimiento por diez. Otros permanecen estancados. La brecha no es entre compañías competidoras; es dentro de la misma organización, entre personas con el mismo acceso a las mismas herramientas. “¿Cómo retenés a los diez veces más productivos que no se vayan a la competencia? ¿Qué hacés con los que no avanzan?”. El problema que ningún software resuelve es de cohesión, no de tecnología.

    Aquí aparece el concepto del economista de Stanford Chad Jones, al que Campanario sigue de cerca: una cadena avanza a la velocidad de su eslabón más débil. “Si en una empresa metés IA en muchos sectores, pero hay un par que todavía dependen completamente de humanos, la compañía va a ir a esa velocidad —sostiene—. No va a ir a la velocidad de los sectores automatizados”. El efecto macroeconómico que todos esperan de la IA es real, pero llegará más despacio de lo que prometen los presidentes de las empresas tecnológicas, porque las organizaciones humanas no se transforman en paralelo con las plataformas digitales.

    La ola que no tiene nombre todavía

    Hay un segundo argumento en el pensamiento de Campanario que recibe menos atención porque, admite él mismo, es más difícil de narrar. Mientras el debate público se concentra en la inteligencia artificial, otra transformación está acelerando casi sin cobertura.

    La biotecnología y las ciencias de la vida. Energía, materiales, alimentos, infraestructura, almacenamiento de datos. Demis Hassabis, Jensen Huang, Marc Andreessen —voces que no coinciden en casi nada— convergen en la misma tesis. “Así como el software se comió al mundo en los últimos quince años, ahora la biotecnología, las ciencias de la vida, se van a comer al mundo”, asegura, citando a Andreessen, quien usó primero esa frase sobre tecnología en 2012, cuando ninguna empresa del sector era aún la más valiosa del mundo. Fue premonitorio. Ahora la repite sobre biotecnología.

    ¿Por qué no está en la agenda? “Si empiezo una nota hablando de desdoblamiento de proteínas o de cromosomas, espanto al 90% de mis lectores de domingo”, reconoce. La biotecnología no tiene todavía la estructura narrativa que tiene la inteligencia artificial. No tiene su momento de demo pública. Pero, esa ausencia de relato no es ausencia de movimiento: es exactamente la condición que crea asimetría de información para quien sí la lee.

    La biotecnología no tiene todavía su momento de demo pública. Esa ausencia de relato no es ausencia de movimiento. Es exactamente la condición que crea asimetría de información.

    Campanario habla del DNA storage: la posibilidad de almacenar en una caja de zapatos con material genético toda la información que hoy circula por internet. “Parecía que estábamos a varias décadas de eso y de golpe se aceleró”. El patrón se repite: tecnologías que estaban a décadas de distancia encuentran el punto de inflexión y reformatean el tablero antes de que nadie haya preparado el análisis. “La sensación es que de repente acostumbras con ChatGPT, y vienen tecnologías a las que no les damos importancia, de golpe encuentran la vuelta, y cambia absolutamente todo”.

    A eso hay que agregar la demografía, que opera en el mismo registro, urgente y lenta al mismo tiempo. “Estos problemas no son una cuestión de vida o muerte de hoy para mañana”, dice el economista. “Entonces no hay incentivos sociales, ni en empresas ni en políticas, para atacarlos. Total, va a ser del próximo presidente”. En economía eso se llama inconsistencia intertemporal: no actuamos en proporción a la importancia de un problema porque no es una emergencia inmediata. El cambio climático funciona así. La transición demográfica también.

    La pregunta que deja abierta es si existe algo que rompa ese patrón. “Cuando estás en una transición tan fuerte como la que estamos viviendo, yo te puedo hacer un relato apocalíptico y voy a tener razón. Te puedo hacer un relato idílico y voy a tener razón. Todos tenemos razón hoy”, afirma. “Por eso es una era de mucha ambigüedad, y no vamos a resolver esa ambigüedad en un par de años”. En 2017 empezó a escribir sobre lo que nadie quería leer. Hoy escribe sobre lo que todos quieren entender. El meteorito llegó. La pregunta que queda es cuántos estaban mirando hacia arriba cuando lo vieron venir y cuántos estaban discutiendo la reforma laboral.


    Fotos Cortesía

    Otros artículos

    spot_img
    Investor Lifestyle
    Resumen de privacidad

    Investor LifeStyle solicita tu consentimiento para usar tus datos personales con estos objetivos:

    Anuncios y contenido personalizados, medición de anuncios y del contenido, información sobre el público y desarrollo de productos

    Almacenar o acceder a información en un dispositivo

    Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

    Más información

    ¿Cómo puedo cambiar la opción elegida?

    Puedes cambiarla en cualquier momento. Para obtener más información, consulta nuestra política de privacidad.

    ¿Qué ocurre si no doy mi consentimiento?

    Tus datos personales no se utilizarán con los fines arriba indicados, a menos que nosotros y nuestros proveedores determinemos que existe un interés legítimo para hacerlo.

    ¿Cómo funciona el interés legítimo?

    Algunos proveedores no te piden el consentimiento, pero utilizan tus datos personales en virtud de su interés legítimo. Para desactivar este ajuste, haz clic en Gestionar opciones.

    ¿Tengo que dar mi consentimiento para todo?

    Tus datos personales se tratarán y la información de tu dispositivo (cookies, identificadores únicos y otros datos del dispositivo) podrá ser almacenada, consultada y compartida con proveedores externos o utilizada específicamente por este sitio web o aplicación.

    Es posible que algunos proveedores traten tus datos personales en virtud de un interés legítimo, algo a lo que puedes oponerte gestionando tus opciones a continuación. Busca un enlace al final de esta página o en nuestra política de privacidad para revocar el consentimiento.