Cuando el último golpe de Flavio Cobolli se fue fuera, Alexander Zverev cayó de espaldas sobre la arcilla de la Philippe-Chatrier. No fue un gesto ensayado. Él mismo lo explicó después: primero le costó creer que había ganado, luego vio a su equipo celebrando y a su padre con los brazos en alto, y ahí la emoción lo golpeó de una vez.
La victoria cerró una espera de trece años y cuatro finales de Grand Slam perdidas. Pero el peso real estaba en la cancha misma. En 2022, ahí, Zverev se rompió varios ligamentos del tobillo derecho persiguiendo una bola de Rafael Nadal. Dos años después, en esa misma cancha, perdió la final ante Carlos Alcaraz. Volver a ganar en ese lugar, literalmente, es lo que distingue este título de cualquier otro.
Horas más tarde, el propio Nadal le escribió por redes: “Muy merecido después de todo el trabajo duro y la perseverancia”. Billie Jean King sumó otro dato al margen del resultado: Zverev es el primer hombre con diabetes tipo 1 en ganar un Grand Slam, algo que excede lo deportivo y que él apenas empezaba a dimensionar esa misma tarde en París.
Foto por Robert Szaniszlo/AFP



