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    La memoria del vino

    En 167 años, Marqués de Riscal hizo una sola elección: no ceder. Ahora, bajo el liderazgo de Ricardo Diéguez, está demostrando que esa decisión no es conservadora. Es el futuro.

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    Marqués de Riscal fue fundada en 1858 por Camilo Hurtado de Amézaga en Elciego, en la Rioja alavesa, siendo la bodega más antigua de Álava. Desde su inicio, la compañía se definió por un compromiso: ser la primera bodega de la Rioja en aplicar las técnicas vitivinícolas de Burdeos, contratando al maestro bodeguero francés Jean Pineau. En 1895, Marqués de Riscal se convirtió en el primer vino no francés en recibir el Diploma de Honor en la Exposición Internacional de Burdeos. Hoy, está presente en más de 110 países y exporta el 65% de su producción. La bodega alberga la colección histórica de vinos más grande de Europa, con añadas que datan desde la década de 1860. La bodega permanece bajo control familiar desde su fundación y siempre con la misma obsesión: producir vinos de calidad extraordinaria.

    Ricardo Diéguez Jiménez de la Espada, el nuevo CEO de Marqués de Riscal, entiende esa obsesión mejor que nadie. Pasó 27 años en L’Oréal, liderando la máquina más eficiente del lujo contemporáneo. Hace año y medio abandonó todo para llegar a una bodega española donde la decisión más importante es cómo meter una uva en una botella. “He estado embelleciendo por fuera durante 27 años. Ahora estoy embelleciendo por dentro”, responde cuando se le pregunta ¿por qué? No es una frase ingeniosa; es el reconocimiento de que el trabajo es exactamente el mismo: capturar la esencia. Solo que en L’Oréal se medía en campañas y el Riscal se mide en décadas.

    Lo que encontró al llegar fue una empresa donde cada decisión operativa está alineada con un principio: producir vino excepcional. Produce 4,5 millones de botellas al año. Cada año están mejor que hace una década. Ese volumen es el resultado de haber comprendido que la verdad no se erosiona a escala si nunca la negocias. Máximo 2.000 kilos por hectárea. Viñedos de 110, 120, 130 años. Sin insecticidas; sin herbicidas; ensamblaje de las mejores uvas, de las mejores fincas. Y si no están perfectas no se embotella ese año.

     “En 40 años solo hemos hecho 27 añadas del Barón de Chirel. ¿Quién rechaza eso? Solo empresas que están comprometidas con ser honestas. Familias que decidieron que solo se transmita excelencia desde el inicio hasta el día de hoy”.  — Ricardo Diéguez

    “¿Quién hace eso?”, pregunta Ricardo. “¿Quién dice ‘voy a dejar de ganar 100.000, un millón, 10 millones’, si los puedo ganar, a no ganarlos?”. Y contesta con una calma que da miedo: “Solo empresas comprometidas con ser honestas. Familias que decidieron que solo se transmita excelencia desde el inicio hasta el día de hoy”. No es retórica: es la regla que guía cada decisión que toma. Diéguez es el guardián de eso. No porque lo heredó, sino porque cada día elige mantenerlo. “¿Cómo es posible hacer 4,5 millones de botellas al año y que cada año estén mejor que hace diez años?”, pregunta. “Siendo una empresa artesanal y no industrial, ¿cómo es posible? La respuesta es que nunca te comprometes. Que la métrica no es producción. Es que quien beba lo que hiciste en 2025 sienta exactamente lo mismo que alguien lo sintió en 1956”.

    La historia de Riscal es una de compromiso que se renueva con cada generación. En 1858, Camilo Hurtado de Amézaga plantó la primera semilla: arriesgar todo en una idea; hacer vino mejor. A lo largo de 167 años, eso se tradujo en expansión agrícola, distribución global, construcción de marca, pero siempre con el mismo norte: la verdad verificable en cada botella. Ahora, bajo el liderazgo de Ricardo, Riscal está demostrando que ese compromiso no es estático: es dinámico. Es capaz de proyectarse hacia un futuro que honra el pasado sin vivir de él.

    En 1999, Marqués de Riscal enfrentó un desafío mayúsculo: cómo proyectar una bodega de 141 años hacia el siglo XXI sin traicionar su tradición. La empresa ideó un modelo de bodegas vanguardistas con vocación de complejo de ocio, que recibió el nombre de Ciudad del Vino. El equipo pensó en Frank Gehry para su diseño. La primera respuesta fue no. Sin embargo, decidieron lanzar una invitación especial a Gehry a la viña y le pidieron degustar un vino del año de su nacimiento, 1929, guardado desde entonces en la colección privada de la bodega. La respuesta de Gehry fue contundente: aceptó el proyecto. No porque le ofrecieran dinero, sino porque probó algo que hizo que un arquitecto de talla mundial reorganizara su agenda. Probó verdad.

    Viñedos centenarios de Marqués de Riscal. La bodega controla hectáreas en los principales ‘terroirs’ españoles con máximo 2.000 kilos por hectárea (promedio industrial: 68.000). La obsesión por la calidad sobre el volumen define cada decisión operativa.

    El guardián de la memoria

    El edificio diseñado por Gehry en 2006 está recubierto de titanio, igual que el Guggenheim de Bilbao, pero en este caso el arquitecto impregnó su obra con los colores representativos de Marqués de Riscal: rosa, como el vino tinto; oro, como la malla de las botellas de Riscal; y plata, como la cápsula de la botella. Gehry describe el edificio como “un animal galopando por el campo, que expresa movimiento y eso es lo que quería cuando lo diseñé”. El hotel fue inaugurado el 10 de octubre de 2006 y se destaca por la espectacularidad de sus formas y su silueta.

    Eso es lo que Ricardo está guardando: la posibilidad de que un hijo vea una botella de Marqués y sienta que su padre está ahí. No es un producto. Es una conexión. Es la transmisión de una verdad verificable entre generaciones. Un coleccionista le escribió después de un evento: “Barón de Chirel es el vino de mi padre y es mi vino”. Otro fue más lejos: “Mi papá murió hace un año y era un loco de Marqués de Riscal. Cuando veo Marqués de Riscal pienso que estoy con mi papá”. 

    Frank Gehry Selection. Un vino nacido para escribir algunas de las páginas más bellas del siglo XXI. De trago lento y largo. Vino de amistad, vino de pausa.

    Eso no es lealtad de consumidor… es devoción familiar. Es la gente que cuidó una botella durante años sabiendo que en algún momento sería el momento. El cumpleaños importante. La cena con la persona indicada. El instante en que necesitaba sentir que su familia estaba contigo. El coleccionista verdadero no compra vino; sí compra el permiso de sentir que está en contacto con algo auténtico. Y cuando abre una botella de 1956, por ejemplo, y la prueba, no está probando uvas, sino que prueba que alguien hace 70 años cuidó eso con la misma integridad de hoy.

    Pero la gran apuesta de Diéguez Jiménez de la Espada no es el pasado, sino el futuro. “Las empresas no viven del pasado. Viven del futuro. Si no tienes capacidad para ver el futuro, estás muerto”, asegura. Pero también sabe que el futuro de Marqués no está en encontrar más clientes, sino en hacer que los que lo beben sientan que están cuidando algo sagrado. 

    Cuando imagina a Riscal en 10 años, dice: “En la luna”. Colaboraciones con joyería, arquitectura, industria de lujo, presencia global. Pero no porque quiera ser más grande, sino porque cree que una marca que rechaza dinero durante 167 años merece estar en los lugares donde la gente entiende que la verdad es el único lujo que no se puede replicar.

    Un guardián de memoria no preserva por nostalgia. Preserva porque entiende que lo que cuida hoy es lo que alguien va a beber mañana. Que esa botella va a estar en la mesa en el momento en que más importe. Ricardo heredó una responsabilidad que no es la de mantener un negocio, sino la de mantener una verdad verificable durante 167 años. 

    La herencia del saber hacer

    Barón de Chirel Rioja Viñas Centenarias 2024, el primer vino blanco que la bodega elabora en la DO Ca Rioja.

    Marqués de Riscal Reserva, un icono cultural, un vino imprescindible. De gran versatilidad y fiel representante de un vino de la Rioja.

    El Reserva XR de Marqués de Riscal es un homenaje a todos los maestros bodegueros, desde Jean Pineau hasta nuestros días.

    XR Rosé es el primer vino de Marqués de Riscal de viñas viejas, con garnachas de Elciego y con más de 50 años. Vino de color asalmonado, frutal, elegante y equilibrado.


    Fotos por Aris Martínez y José Ramon Mena

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