miércoles, junio 17, 2026

NEWSLETTER

More
    spot_img

    Ahora, un nuevo ritual

    Ya vamos camino a nuestra primera década y siempre es bueno volver a presentarse. Vale la pena recordar que esto empezó en 2017, el mismo año en que un geisha panameño de hacienda La Esmeralda marcaba un récord en Best of Panama al venderse en US$601 la libra, después de haber alcanzado 94.115 puntos.

    Compartir:

    Cosechando desde 2017

    Ocho años después, el año pasado, otro geisha panameño de la misma familia productora llegó a 98 puntos y se vendió en US$30.204 el kilo. Los números impresionan, por supuesto, pero lo que más me interesa de ese recorrido es lo que confirma: el valor del café panameño no apareció de un día para otro. Se fue cocinando poco a poco, con productores obsesivos, procesos cada vez más técnicos y una comunidad cafetalera que llevaba años empujando, mucho antes de que algunos llegáramos a mirar con más atención.

    Y ahí también está una parte importante de esta historia. La entrada principal de La Cosecha no fue inventar nada desde cero, sino ganarnos la confianza de productores nacionales que ya estaban haciendo cafés impresionantes. En ese momento yo venía trabajando desde la gastronomía en general, no específicamente desde el café, y sabía que para poder construir algo serio necesitaba escuchar, aprender y tener cerca a personas que entendieran mucho mejor ese mundo.

    En ese primer empuje fue clave la confianza de un grupo de personas. Todavía recuerdo la primera vez que visité algunas fincas: ya tenían poder entre manos. La Cosecha no llegó a descubrir eso. Llegó a ayudar a contarlo, a conectarlo con otras conversaciones y a construir una plataforma para que más gente pudiera entender por qué el café panameño estaba pasando por un momento tan diferenciado dentro del mundo del café.

    La Cosecha nació con una idea sencilla: traer a Panamá a escritores, editores, periodistas y creadores de contenido de gastronomía, turismo y café de especialidad para que conocieran el origen con sus propios ojos. No para repetir una nota pagada ni para hablar desde lejos, sino para caminar fincas, conversar con productores, probar los cafés donde nacen y poder contar, con voz propia, lo que estaba pasando en Panamá.

    “… aunque La Cosecha nació alrededor del café de especialidad, el primer requisito siempre fue la infraestructura turística”.

    Como ya sabemos, las cosas potentes se cocinan poco a poco, con conciencia, con comunidad, con objetivo claro y con una estrategia que pueda sostenerse. La industria necesita creatividad, por supuesto, pero también necesita modelos de negocio que funcionen y sean rentables, relaciones que se cuiden, públicos que se entiendan, aliados que se sumen y plataformas capaces de durar más allá de una buena idea.

    Esa ha sido parte importante de nuestra receta creativa. Haber viajado durante años como escritor y creador de contenido a otros países me permitió entender que las relaciones públicas de verdad toman tiempo, porque las historias que se comparten mejor tienen una relación real detrás.

    En un mundo donde todos los países están mirando hacia su territorio para atraer turismo, ya no basta con decir que tenemos naturaleza, cultura o buena comida. Eso lo dicen todos. La diferencia está en cómo se articula, quién lo cuenta, desde dónde se cuenta y qué tan real es la experiencia cuando alguien decide venir.

    Competimos en una región donde se destinan decenas de millones al año a promoción turística, mercadeo internacional, ferias y posicionamiento de destino. Por eso, contar Panamá necesita también de una empresa privada que potencie lo que el Gobierno viene haciendo bien.

    Por eso, aunque La Cosecha nació alrededor del café de especialidad, el primer requisito siempre fue la infraestructura turística. No sirve de mucho tener uno de los cafés más valorados del mundo si la gente no puede llegar, quedarse, comer bien, moverse con confianza y acceder a experiencias diferenciadas durante todo el año.

    Hace casi diez años ya estábamos pensando en eso. En que el café panameño no solo necesitaba ganar subastas o aparecer en rankings internacionales. También necesitaba una ruta, una mesa, una conversación, una hospitalidad y una comunidad capaz de sostener esa historia.

    Hoy, viendo hacia La Cosecha de este año, que será del 14 al 16 de agosto, siento que estamos entrando en una nueva etapa. Una plataforma de innovación social que va camino a su primera década no puede repetir lo mismo. Tiene que abrir nuevas puertas, invitar a más gente, sumar otros lenguajes artísticos y preguntarse cómo lo que nació con una mirada internacional también puede tener más acceso local.

    Ahí entra el Ritual del Origen, una de las apuestas turísticas más especiales de esta edición: una experiencia donde un curador de arte, un cocinero, un artista y varios músicos se unen para crear un performance alrededor de una historia que pocas veces se escucha, se lee o se siente: la historia de los beneficios de café.

    El Ritual del Origen nace de esa necesidad: llevar a más personas al lugar donde empieza la transformación del café y que casi nadie conoce de verdad. Los beneficios del café, ese nombre que para muchos puede sonar abstracto, no son simplemente espacios técnicos dentro de una finca. Son lugares donde la fruta recién cosechada empieza a jugarse buena parte de su destino; donde hay que cuidar tiempos, humedad, fermentación, secado, temperatura, limpieza y decisiones que pueden elevar o arruinar meses de trabajo en nuestro terroir.

    Pero el beneficio también tiene una historia de comunidad. Durante años fue un punto de encuentro. Un lugar donde productores, familias y trabajadores coincidían, hablaban, compartían información y entendían juntos lo que estaba pasando con la cosecha. Con el desarrollo de la industria, muchos procesos se volvieron más especializados, más privados y más técnicos. Y eso también nos invita a mirar ese espacio de otra manera.

    Por eso el arte tiene sentido dentro de La Cosecha, como una forma de leer el origen desde otro lugar. El arte nos permite hablar de proceso, memoria, territorio, cuerpo y transformación sin convertirlo todo en una clase fría de libro técnico.

    Es entender que el café puede conversar con la gastronomía, con la música, con el diseño, con el arte contemporáneo y con la gente que vive alrededor. Por eso, en los próximos años me gustaría que La Cosecha pueda convivir de manera más articulada con otras plataformas culturales y creativas de Panamá, y así construir una temporada donde el turismo gastronómico, el arte y la identidad panameña se encuentren con más fuerza.

    Estar cerca de cumplir una primera década obliga a volver a contar la historia, a revisar qué se ha construido, qué puertas se han abierto y qué hace falta para que el origen no sea solo una palabra más de moda, de esas que las redes sociales sobreusan, sino una plataforma viva y poderosa para Panamá.

    Nuestros cafés necesitan tiempo para decir lo que tienen que decir, y nuestras plataformas culturales también. 


    Fotos cortesía

    Otros artículos

    spot_img