Juicio y liderazgo
Piensa en alguna decisión profesional acertada de la que fuiste parte. Quizás ocurrió en equipo, en un momento de complejidad y cambio. O tal vez fue como líder, discerniendo entre opciones que apuntaban a rumbos distintos. Ahora, te invito a reflexionar: ¿qué factores dentro de ti o en tu entorno ayudaron a que esa decisión fuera la correcta?
Yo también he estado en esas situaciones. Recuerdo una reunión de junta directiva en la que debíamos decidir sobre una inversión importante en tecnologías de avanzada. Los estudios sobre el retorno de la inversión no eran concluyentes y las opiniones en la mesa variaban. ¿Y si fallábamos? El miedo a equivocarse se sentía. Aun así, decidimos avanzar. Años después, los beneficios no solo se mantienen, sino que siguen creciendo.
En ese momento, el factor clave para tomar la decisión fue la confianza, y esa confianza tenía varias dimensiones.
Primero, la confianza en los análisis. El equipo gerencial presentó distintos escenarios: optimistas, moderados y conservadores. Se basaron en evidencia clara de implementaciones similares en otros países. Como directores, teníamos claridad sobre los riesgos y las oportunidades. Era un momento de decidir entre atrevernos a innovar o esperar. Los análisis nos dieron la confianza para entender el peor escenario posible, así como el potencial de valor al decir que sí.

El segundo elemento clave fue la confianza en el liderazgo. Existía un entorno donde la ética empresarial, la mirada de largo plazo y el compromiso con la excelencia guiaban la gestión. Cuando la palabra se cumple, las promesas se honran y las ideas se comparten con apertura, se construye una base sólida para tomar decisiones valientes. Esa confianza en el equipo ejecutivo permitió avanzar con convicción hacia un camino de crecimiento sostenido. Hoy, esa decisión se ha convertido en motivo de reconocimiento por parte de clientes multinacionales y en una carta de presentación para la organización.
El tercer factor, y quizás el más determinante, fue la confianza entre los miembros de la junta directiva. La conversación fue abierta y genuina, en un espacio donde las ideas se escuchaban y se sentían. Cada persona pudo compartir su forma de pensar con la certeza de que sería considerada. Cuando todas las voces tienen valor y las decisiones no se imponen, sino que se construyen, el nivel de análisis se eleva.
En ese entorno, los riesgos se comprenden mejor y las oportunidades se expanden. Al momento de votar, el consenso no surge por presión, sino por claridad compartida. Esa claridad fortalece la confianza para futuras decisiones.
Se crea así un círculo virtuoso: decisiones bien fundamentadas generan confianza, y la confianza habilita decisiones aún más audaces y estratégicas. Esta espiral positiva impulsa a las organizaciones a seguir explorando, innovando e impactando de manera positiva.
Ahora, vuelve a esa decisión que tomaste o de la que fuiste parte. ¿Cómo influyó la confianza en el resultado que obtuviste?
* La autora es consultora de cambio organizacional y miembro de juntas directivas





