miércoles, octubre 14, 2026

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    Una nube con memoria

    Un edificio sin una sola línea recta, obra de Ma Yansong, abre en Los Ángeles para alojar la colección de George Lucas y Mellody Hobson y sostener que la ilustración, el cómic y el cine pertenecen a la historia del arte.

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    En la sala inicial del primer piso conviven el techo de la Capilla Sixtina, los toros alados con cabeza humana del palacio de Sargón II, las pinturas rupestres de Altamira y la Piedra del Sol azteca. Ninguna es la pieza original. Son reproducciones creadas por el propio museo junto con las instituciones que custodian cada obra: los Museos Vaticanos, el Louvre, el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira y el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México.

    La sala se titula The History of Narrative Art: Heroes • Myths • The Sacred y funciona como tesis de todo el museo. La narración visual es un instinto humano universal y también una herramienta que la Iglesia y el Estado han empleado para comunicar valores, afirmar poder y definir creencias. Un techo pintado en Roma y un mural pintado en un barrio de Los Ángeles responden, en esa lógica, a una misma necesidad.

    Las imágenes de alta resolución y los escaneos 3D con los que se hicieron las reproducciones fueron donados a las instituciones colaboradoras. El museo logra reunir en una sola sala obras que, de otro modo, exigirían recorrer el planeta, y los socios reciben un registro digital detallado de sus propios originales. La memoria del arte gana así un archivo compartido.

    Todo parte de una convicción de sus fundadores. George Lucas y Mellody Hobson crearon el Lucas Museum of Narrative Art para honrar la tradición universal de contar historias mediante imágenes, desde las pinturas rupestres hasta el arte de pantalla de hoy. Lucas explica que el museo existe para honrar las historias de la humanidad y a los artistas que las ilustran, cuyas obras conectaron la imaginación moderna con las emociones más antiguas.

    George Lucas y Mellody Hobson

    Detrás hay una colección de más de 40.000 obras que Lucas ha reunido durante más de cincuenta años, con nombres como Norman Rockwell, N.C. Wyeth, Winsor McCay, Jack Kirby, Robert Capa, Gordon Parks, Artemisia Gentileschi y Frida Kahlo. La ilustración, el cómic y el cine no siempre recibieron el mismo reconocimiento que la pintura, la escultura y la fotografía. El museo les da igual rango y presenta arte y cultura popular lado a lado, como una misma tradición visual continua. Lucas la llama “el arte del pueblo”.

    Mellody Hobson traslada esa idea al visitante. Quería un museo distinto a cualquier otro, que reuniera por las mismas puertas a personas de todos los ámbitos, de manera que en algún lugar de las galerías cada quien vea reflejado el mundo que conoce. Ese reconocimiento es lo que el lugar se construyó para ofrecer, asegura. Por eso, muchas exposiciones se organizan por temas: amor, familia, comunidad, aventura, trabajo, juego.

    La biblioteca de investigación, abierta sin costo a todos los visitantes, extiende esa memoria al terreno de los libros. Reúne más de 30.000 cómics, con especial profundidad en la Edad de Plata; obras de Kitchen Sink Press, la editorial independiente que impulsó el cómic underground, y trabajos de R. Crumb. Suma unos 3.000 libros de arte donados por Steve Martin y su esposa Ann sobre impresionismo, cubismo y arte contemporáneo.

    Otra colección explica de dónde viene buena parte del relato moderno: más de 2.900 volúmenes de la biblioteca personal del mitólogo Joseph Campbell, con libros que conservan sus anotaciones y notas de investigación. Campbell formuló el monomito o viaje del héroe, e inspiró sobre todo a Lucas en la creación de Star Wars. A ellos se suman volúmenes seleccionados de la Skywalker Ranch Library, la investigación que Lucas y generaciones de cineastas consultaron.

    La memoria social ocupa también el quinto piso. Una galería dedicada a la narración monumental en espacios públicos muestra cómo los murales reflejan historia, identidad y memoria social compartida. Incluye material del archivo de la muralista chicana Judith F. Baca, autora de The History of California, conocido como The Great Wall of Los Angeles y de media milla de largo, además de obras y estudios de Diego Rivera y JR, y adquisiciones inéditas del estudio de Banksy.

    Sin una sola línea recta

    El edificio que aloja esa tradición responde al mismo principio. Ma Yansong, de MAD Architects, con Stantec, lo concibió con una forma curva, sin una sola línea recta y con una transición fluida entre interior y exterior. Ma lo describe como la construcción de un entorno, de una escena, más que de un edificio. Tomó como referencia los grandes árboles de Exposition Park y lo imaginó como una extensión de esa copa.

    El volumen se eleva en el centro y toca el suelo solo en unos pocos puntos. Bajo él queda una plaza pública cubierta por un arco central de 185 pies (unos 56 metros), que da acceso a los vestíbulos norte y sur. A cuatro pisos de altura, un óculo elíptico abre una vista del suelo al cielo. Esa elevación crea una escala humana a nivel de calle, conserva las vistas y ofrece sombra y refugio.

    Ma Yansong quería un edificio que sirviera con fidelidad a los visitantes y al arte, y que fuera tan ligero y libre como una nube o un sueño. Lo diseñó con espacios de arquitectura emocional y lo integró al paisaje de Exposition Park como un rasgo natural, sostiene. Invita a cada persona a participar en un viaje de descubrimiento.

    Esa ligereza tiene una manufactura precisa. El exterior está revestido con 1.271 paneles curvos de polímero reforzado con fibra de vidrio, un material elegido por su capacidad de generar formas suaves y por su bajo peso. Cada panel tiene una forma única y mide en promedio 8×32 pies. Se fabricaron combinando tecnología digital y robótica con trabajo artesanal para asegurar suavidad y consistencia de color.

    Un equipo de más de 150 arquitectos, ingenieros y diseñadores trabajó con un sistema de modelado y colaboración en la nube. Las técnicas para dar forma y ajustar esos paneles empezaron a surgir hace apenas una década, lo que hace del museo un edificio hecho para nuestro tiempo.

    El recorrido interior también está pensado como relato. Tres de los cinco ascensores públicos del lado norte son cilíndricos y de vidrio, y llevan del vestíbulo a las galerías del cuarto piso. Permiten ver y comprender el trayecto mientras el visitante pasa al mundo del arte narrativo. Las galerías de ese nivel abarcan unos 82.000 pies cuadrados y un camino en forma de lazo coreografía el movimiento entre las salas.

    La sala de lectura de la biblioteca, curva y con ventanales del piso al techo, mira al parque; dos pisos superiores guardan el material de investigación.


     

    La memoria requiere también resguardo. El edificio descansa sobre 281 aisladores sísmicos, cada uno un cuenco cóncavo de acero de 6 pies de diámetro con una gran esfera de acero encima. El sistema, más común en estructuras como los hospitales, permite que el suelo se desplace 42 pulgadas en cualquier dirección y que el edificio se recentre al terminar el movimiento. Un foso móvil de 8 pies rodea el perímetro. Esta tecnología protege a visitantes, personal y obra.

    El parque completa el argumento. El sitio era un estacionamiento de asfalto en Exposition Park; hoy el campus de 13 acres incluye más de 300 árboles, plantas nativas y resistentes a la sequía, un jardín colgante, un anfiteatro, una pradera y una fuente concebida como cascada. Su topografía evoca el terreno de Los Ángeles y el paisaje toma de California sus colinas, valles, mesetas y cañones. Diez esculturas monumentales, de acceso libre, prolongan las galerías al aire libre.

     

    Hecho por la ciudad

    La construcción misma forma parte de esa memoria colectiva. Al ser una institución de financiamiento privado, el museo se fijó las metas de contratación local que suelen exigirse a proyectos públicos y las superó. De los 6.401 trabajadores de la obra, 3.876 vivían en el condado de Los Ángeles y las horas de trabajo local alcanzaron el 65 % frente a una meta inicial de 30 %. Entre quienes se reclutaron en el condado, la mayoría se identificó como latina o hispana, y cientos fueron aprendices por primera vez. Es una obra hecha por Los Ángeles.

    América Latina encuentra su lugar en las galerías y en el parque. El jardín exhibe Maternity (2015), del colombiano Fernando Botero, y Emiliano Zapata en Cuernavaca (2025), de Lucy Topete. Dentro se anuncian obras de Frida Kahlo y Diego Rivera, y la Piedra del Sol de la sala inicial se reprodujo con el INAH de México, que recibió los escaneos del original.

    Doce años después de la elección de Ma Yansong como arquitecto, el museo abrió sus puertas el 22 de septiembre. Cada galería, cada programa, cada rincón, dice su directora ejecutiva, Tracey Bates, fue construido pensando en quienes lo visitan. Bajo el arco de 185 pies, una misma tradición visual reúne la cueva, la capilla, el mural y la pantalla. Lucas lo dijo con brevedad: esas obras merecen estar en un museo. El edificio es su respuesta más larga.


    Fotos cortesía

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