
Entender Seúl no es una cuestión de altura ni de velocidad. Se comprende mejor caminando, observando, dejando que el ritmo de la ciudad se revele sin prisa. En ese proceso, el río Han aparece como el eje silencioso que lo ordena todo. Su curso atraviesa la capital de Corea del Sur de este a oeste y funciona como una frontera amable entre dos mundos que no compiten, sino que se complementan.
Viajar a Seúl en invierno implica asumir el clima como parte de la experiencia. Durante los primeros días, las temperaturas oscilaron entre -3 °C y 7 °C, con aire seco y cielos despejados. Un abrigo grueso, capas térmicas ligeras, bufanda y guantes se vuelven aliados imprescindibles, no solo para protegerse del frío, sino para disfrutar la ciudad a pie, que es como mejor se descubre.
Al norte del Han, la historia se manifiesta con naturalidad. Gyeongbokgung Palace se presenta imponente, pero sereno. Sus patios abiertos y techos geométricos dialogan con el invierno de forma elegante. Aquí, con temperaturas cercanas a los
-2 °C a 6 °C, el frío se siente más intenso en los espacios abiertos, por lo que guantes delgados y calzado cómodo son esenciales para recorrer el complejo sin apuros.

A pocos minutos caminando, Bukchon Hanok Village revela otra escala de la ciudad. Las casas tradicionales, alineadas en calles estrechas, parecen diseñadas para caminar despacio. El silencio, interrumpido solo por pasos y conversaciones suaves, refuerza la sensación de estar en una Seúl atemporal. Aquí, un abrigo térmico y zapatos adecuados para cuestas permiten recorrer el barrio con comodidad, incluso en mañanas frías.
La transición hacia la Seúl contemporánea ocurre sin fricciones en Ikseon-dong. Este barrio, donde antiguos hanoks albergan cafés, boutiques y restaurantes, demuestra cómo la modernidad puede integrarse sin borrar el pasado. Los espacios interiores invitan a hacer pausas cálidas entre recorridos. Un suéter de lana y capas bien pensadas permiten entrar y salir sin incomodidad.
Cruzando el Han hacia el sur, el paisaje urbano cambia de tono. Gangnam proyecta una Seúl cosmopolita y vertical. Aquí, el frío se siente menos gracias a la vida interior que proponen los centros comerciales y galerías. La Starfield Library, ubicada dentro del complejo COEX, se convierte en un refugio cultural inesperado: estanterías monumentales, luz natural y lectores que se detienen en medio del movimiento. Con temperaturas entre -2 °C y 7 °C, un abrigo medio y bufanda ligera resultan suficientes para este día predominantemente indoor.

Seúl reveló una de sus experiencias más introspectivas en Haus Nowhere. Ubicado en una zona tranquila de la ciudad, este espacio híbrido a medio camino entre galería, café y refugio creativo propone hacer una pausa consciente dentro del ritmo urbano.
Haus Nowhere no se visita con prisa. Su propuesta se basa en la contemplación: arquitectura minimalista, materiales naturales, iluminación tenue y una curaduría precisa de objetos, libros y piezas de diseño. Cada rincón parece diseñado para bajar el volumen exterior y reconectar con el interior. Aquí, el lujo no es visible: es emocional.
Justo al lado, Bongeunsa Temple ofrece un contraste poderoso. Rodeado de rascacielos, este templo budista invita al silencio. El aire frío, cercano a los -3 °C, acentúa la atmósfera contemplativa. Botas cerradas y capas térmicas hacen que la visita sea tan cómoda como memorable.
De regreso al norte del río, la ciudad adopta un pulso creativo en Hongdae. Este barrio joven y vibrante se recorre mejor sin itinerarios estrictos. Tiendas independientes, arte urbano y música en vivo construyen una energía espontánea. Las temperaturas, que bajan hasta -4 °C, exigen abrigo pesado, bufanda gruesa y guantes, especialmente al caer la tarde.

Muy cerca, Mangwon Market muestra la vida cotidiana sin filtros. Puestos de comida caliente, aromas intensos y recetas tradicionales convierten el frío en una excusa perfecta para detenerse. Aquí, el invierno se siente menos gracias al movimiento constante y la calidez de la experiencia.
Las noches junto al Han merecen un capítulo aparte; con viento constante, caminar por sus parques requiere abrigo térmico, capas interiores y protección adecuada. A cambio, la ciudad regala escenas memorables: luces reflejadas en el agua, ciclistas nocturnos y una calma urbana difícil de encontrar en otras capitales.
En el este, Dongdaemun Design Plaza resume la apuesta de Seúl por el diseño y la innovación. Su arquitectura futurista contrasta con los mercados tradicionales que la rodean. Durante la noche, cuando las temperaturas bajan nuevamente, botas cerradas y abrigo grueso son indispensables para disfrutar del entorno sin prisas.

La experiencia en Seúl también se construye desde la mesa. La gastronomía coreana cumple una función reconfortante y social. Platos calientes, caldos profundos y recetas pensadas para compartir convierten el frío en parte del ritual diario. Desde mercados tradicionales como Mangwon Market, donde el vapor anuncia tteokbokki, hotteok y sopas humeantes, hasta restaurantes de barbacoa coreana donde la cocción ocurre en la mesa, comer en Seúl es una experiencia colectiva que acompaña el ritmo de la ciudad.
El recorrido culmina con vistas amplias desde Namsan Tower. El viento se intensifica y el frío se siente con más fuerza, pero la recompensa es clara: una panorámica donde el río Han se percibe como una línea continua que conecta toda la ciudad. Desde lo alto, Seúl no parece dividida, sino perfectamente equilibrada.
Viajar por Seúl en invierno es aceptar que el clima forma parte del relato. El frío no limita; acerca. Y el río Han, constante y silencioso, recuerda que incluso en una ciudad de ritmo acelerado siempre hay espacio para fluir.
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