martes, enero 27, 2026

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    El Año Nuevo se toca en Viena

    Música, historia y emoción compartida marcaron el inicio del año, en uno de los rituales culturales más vistos del planeta.

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    El primer día del nuevo año, el mundo volvió a mirar hacia Viena. No por sorpresa, sino por costumbre. El Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena cerró una vez más el ciclo de las fiestas con un mensaje que va más allá de la música: hay tradiciones que siguen vigentes porque saben leerse en tiempo presente.

    Con la dirección de Yannick Nézet-Séguin, la edición 2026 mantuvo intacta la arquitectura clásica del evento, pero introdujo matices reveladores. La inclusión de compositoras como Josephine Weinlich y Florence Price no fue un gesto simbólico tardío, sino una decisión programática que reordena el canon sin desarmarlo.

    El director canadiense Yannick Nézet-Séguin asumió la batuta en Viena, sumando matices actuales al canon clásico.

    En este escenario, la presencia de Rolex vuelve a ser significativa precisamente por su discreción. Desde hace más de una década, la marca acompaña el concierto sin interferir en su narrativa artística. Su rol no es estético ni publicitario: es el de garante de continuidad, el de quien entiende que ciertos hitos culturales se sostienen y no se aceleran ni se reinventan.

    El Concierto de Año Nuevo no busca sorprender. Busca permanecer. En una época donde muchas instituciones culturales se ven obligadas a justificarse, Viena opta por otra estrategia: hacer lo mismo, pero cada vez con mayor conciencia de lo que representa. A veces, el verdadero mensaje no está en cambiar la partitura, sino en decidir quién la interpreta y quién hace posible que siga sonando. 


    Fotos cortesía de Rolex

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