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    Un torneo que se volvió tradición

    Más allá de la competencia, el Panamá Polo Open se consolida como una cita que articula experiencia, estética y encuentro social, y construye continuidad y pertenencia dentro del calendario deportivo panameño.

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    El polo es uno de esos deportes cuya historia antecede largamente a su condición de espectáculo. Nació como práctica de entrenamiento militar en Asia Central, fue adoptado y reglamentado por la aristocracia británica y, con el tiempo, se transformó en una disciplina donde tradición, estrategia y control conviven bajo códigos no escritos que trascienden el juego. Desde sus orígenes, el polo ha estado ligado a la noción de continuidad: no evoluciona por ruptura, sino por transmisión.

    Esa lógica explica por qué el polo no se impone en nuevos territorios de forma inmediata. Requiere tiempo, infraestructura, cultura y, sobre todo, una comunidad dispuesta a sostenerlo más allá de la coyuntura. En América Latina, ese proceso encontró su mayor desarrollo en el Cono Sur, particularmente en Argentina, donde el polo alcanzó niveles de profesionalización y prestigio internacional que lo convirtieron en referencia global. Pero su expansión regional no respondió a un modelo uniforme, sino a adaptaciones locales que dialogaron con contextos culturales distintos.

    En Panamá, ese diálogo fue gradual. El país contaba con una tradición ecuestre sólida, vinculada a otras disciplinas, pero el polo era todavía un territorio por construir. Su desarrollo no surgió como una moda importada, sino como una apuesta de largo plazo que combinó experiencia internacional, visión organizativa y una lectura precisa del entorno. Más que introducir un deporte, el desafío fue crear un espacio donde el polo pudiera integrarse como práctica, como experiencia social y como parte de una identidad compartida.

    El polo es un deporte de raíces centenarias que ha atravesado
    culturas y generaciones, manteniendo intacta su elegancia
    y su espíritu competitivo en cada encuentro.

    De esa construcción nació el Panama Polo Open, un torneo que con el paso de los años dejó de ser únicamente una competencia para convertirse en un punto de encuentro. Su evolución refleja la forma en que el polo logró arraigarse en el país: no desde la espectacularidad inmediata, sino desde la constancia, el cuidado del detalle y la creación de una comunidad que entiende el valor del tiempo como activo principal.

    Hoy, el Panama Polo Open celebrará su XVI edición el próximo 21 de marzo de 2026, en las instalaciones del Hacienda Country Club, y es uno de los encuentros sociales y deportivos más relevantes del calendario panameño. Más allá de la cifra de ediciones, se ha transformado en una institución que combina deporte, cultura y vida social bajo un mismo paraguas.

    A lo largo de su historia, el Panama Polo Open ha construido una identidad clara y reconocible. No se trata únicamente de un torneo, sino de una experiencia cuidadosamente diseñada que convoca a empresarios, ejecutivos, diplomáticos, líderes de opinión y a un público afín a un estilo de vida sofisticado. En un entorno natural que equilibra elegancia y cercanía, esta actividad ha logrado mantenerse vigente y crecer de manera sostenida, incluso frente a contextos complejos que han puesto a prueba la continuidad de encuentros de este tipo.

    “El valor del Panama Polo Open está en su capacidad de sostenerse en el tiempo sin perder esencia”, señala Jorge Serrano, su organizador. “Desde el inicio entendimos que esto debía construirse con visión de largo plazo, cuidando cada detalle para que la experiencia fuera coherente año tras año”.

    Esa visión explica por qué el torneo no responde a fórmulas cambiantes ni a tendencias efímeras. El Panama Polo Open ha apostado por la consistencia: una identidad definida, una experiencia reconocible y una comunidad que se renueva sin perder su núcleo. Esa combinación ha sido clave para posicionarlo como cita fija dentro de la agenda social del país, capaz de generar pertenencia y expectativa.

    Durante la jornada, la experiencia se despliega en distintos niveles. La competencia en la cancha convive con un ambiente social que cobra protagonismo desde las primeras horas de la tarde. La moda, el estilo y las expresiones culturales panameñas forman parte integral del encuentro, con concursos de elegancia, sombreros y vestimenta tradicional que aportan identidad local y enriquecen la estética visual. Estos elementos no operan como ornamento, sino como parte de una curaduría consciente que define el carácter del Panama Polo Open.

    “La estética y el entorno no son casuales”, explica Serrano. “Cada edición busca cuidar la coherencia visual y la atmósfera general del evento, porque entendemos que la experiencia se construye tanto desde lo que se vive como desde lo que se percibe”.

    Uno de los rasgos que distingue al Panama Polo Open es su capacidad para reunir públicos diversos bajo un mismo lenguaje. Asisten tanto seguidores históricos del torneo como invitados que encuentran allí una excusa para compartir una tarde distinta, al aire libre, en un ambiente que equilibra tradición y modernidad. 

    “El valor del Panama Polo Open está en su capacidad de sostenerse
    en el tiempo sin perder esencia”. — Jorge Serrano

    Con el paso de los años, la actividad ha demostrado una notable capacidad de adaptación sin perder su esencia. Ha atravesado interrupciones, cambios de contexto y condiciones externas adversas, pero mantiene siempre una propuesta coherente y reconocible. Esa resiliencia ha reforzado su carácter institucional y ha contribuido a colocarlo como una referencia dentro y fuera del país.

    Al caer la noche, el encuentro se transforma. La experiencia se extiende con la tradicional Night Under the Stars Party, un cierre que se ha convertido en uno de los momentos más esperados de cada edición. Música en vivo, premiaciones y un ambiente festivo marcan el final de la jornada, prolongando el espíritu más allá del campo y reforzando su dimensión social. Este cierre nocturno no es un añadido, sino una extensión natural de la experiencia construida a lo largo del día.

    La edición 2026 espera recibir a más de 2.500 asistentes, una cifra que confirma el crecimiento sostenido del Panama Polo Open y su capacidad de convocatoria. Sin embargo, más allá de los números, su verdadero valor reside en su capacidad de generar encuentros significativos dentro de un entorno cuidadosamente diseñado.

    “El Panama Polo Open se ha convertido en un momento del año en el que la comunidad se encuentra, conversa y comparte sin prisa”, afirma Serrano. “No se trata solo de asistir a un evento, sino de formar parte de una experiencia que se construye colectivamente”.

    Con su XVI edición, el Panama Polo Open reafirma su legado y su capacidad de evolución, manteniendo intacta la esencia que lo ha definido desde sus inicios. El evento continúa proyectando a Panamá como un escenario capaz de albergar encuentros de alto nivel, donde la tradición, la experiencia compartida y el sentido de comunidad se integran de manera natural, marcando un hito anual para quienes entienden que el verdadero valor de un evento reside en lo que permanece más allá del día en que ocurre.


    Fotos Aris Martínez

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