Nuevas perspectivas
Los drones no solo cambiaron la fotografía: alteraron nuestra manera de mirar. Desde el aire, el mundo se ordena distinto y obliga a replantear certezas.
Durante siglos, la mirada humana estuvo condicionada por la altura del cuerpo, por montañas, muros y horizontes parciales. La fotografía aérea existía, pero era excepcional, costosa y distante. Con la llegada de los drones, esa barrera se desmoronó. Hoy, el mundo puede observarse desde arriba con una naturalidad que antes era impensable, y esa nueva perspectiva no es solo estética: es conceptual.

“Cambiar el ángulo transforma la imagen,
pero también la forma como entendemos el mundo”.

Visto desde el aire, un paisaje deja de ser solo bello o caótico y se vuelve legible. Las ciudades revelan patrones, simetrías y contradicciones. La naturaleza expone geometrías que el ojo a ras de suelo no alcanza a comprender. Incluso lo cotidiano —una carretera, un puerto, un barrio— adquiere una dimensión casi abstracta. El dron no embellece por defecto: reordena la información visual y nos obliga a ver conexiones que antes ignorábamos.

Pero hay algo más profundo. Esta mirada elevada también cuestiona el punto de vista dominante. Nos recuerda que la realidad depende del ángulo desde el cual se observa. Cambiar de perspectiva no es escapar del mundo, sino entenderlo mejor. En ese sentido, los drones no solo capturan imágenes espectaculares: entrenan una forma distinta de pensar. Una que invita a tomar distancia, a salir del centro y a aceptar que, muchas veces, comprender implica mirar desde otro lugar.





Fotos por @drone.globe



