
Daytona no es solo una carrera. Es una prueba radical de resistencia donde el tiempo deja de ser una cifra y se convierte en carácter. Durante 24 horas ininterrumpidas, pilotos, equipos y máquinas conviven con la noche, el cansancio y la presión de no fallar. Aquí no gana el más veloz, sino quien logra sostener el ritmo cuando todo invita a rendirse.
La relación de Rolex con Daytona nace mucho antes del asfalto. En los años treinta, cuando la playa de Florida concentraba los récords de velocidad, Sir Malcolm Campbell llevaba un Rolex Oyster mientras empujaba los límites humanos y mecánicos. Esa imagen selló una afinidad que hoy define al automovilismo de resistencia.

De la arena al asfalto, la historia de Daytona se escribe contra el reloj.
En 1992, Rolex formalizó un vínculo que ya era natural al convertirse en title sponsor de las 24 horas de Daytona. Desde entonces, el reloj dejó de ser un accesorio para convertirse en símbolo. El Daytona grabado que reciben los ganadores no se compra: se merece.
Por eso, esta carrera no celebra la inmediatez, pero sí la constancia. En un mundo acelerado, Daytona recuerda que el tiempo importa.
Fotos Cortesía Rolex












