martes, enero 27, 2026

NEWSLETTER

More

    No sé si las sirenas existen

    Pero estoy segura de que los ‘princesos’ viven entre nosotras… y bien a gusto.

    Compartir:

    spot_img

    Buenas a todos, hablemos de una tendencia que se cuece a fuego lento en nuestras relaciones modernas: el cambio del rol masculino. A ver, seamos claros desde el principio. No me malinterpreten, no estoy ondeando banderas extremas. Creo firmemente en la igualdad de derechos: mismo voto, misma oportunidad de trabajo, mismo salario por la misma faena. Pero, aceptémoslo, la cosa está cambiando. 

    Hoy en día estamos perdiendo al hombre masculino, alfa, con caballerosidad. Estoy hablando de los hombres que practicaban la simple cortesía de abrir una puerta, de tomar la iniciativa de pagar la cena o, sencillamente, de conservar ese rol de proteger y cuidar. Yo no lo pido ni muy machista ni muy manso. O sea, ni así ni asá, sino más bien en balance.

    Pero ¿qué pasa? Que las mujeres ahora somos todólogas. Nosotras queremos hacerlo todo y más. Tenemos una competencia silenciosa social porque pensamos que nos define quién está más cansada por hacerlo todo, quién ha trabajado más, quién ha atendido más a los hijos y quién se sabe de memoria las tareas completas del chat de la escuela.

    ​​¿Dónde está el hombre de las cavernas?
    Se ha extinguido el hambre por cazar.

    Somos las resolvedoras profesionales en tanga y tacones incómodos. Vemos a diario a una generación de mujeres que quieren ser independientes, autosuficientes y que han adoptado el mantra de: SI NO LO HAGO YO, NO SE HACE BIEN. #Auxilio

    Si se queda flat, ella cambia la llanta y hace tutorial por Instagram. Si viajan y hay que manejar en el highway con toda la familia a 80 km, ella ¡zazz! maneja. Si hay que hacer barbecue, atender y limpiar, ella lo hace y sin dañarse el shellac ni el blower. Toca evacuar de emergencia, ella sale última cargando a la mascota, con pasaportes en mano y segura de que no queda nadie adentro.

    O sea, hemos superado a Superwoman.

    Y es precisamente esta hipercapacidad femenina la que ha parido a una nueva especie masculina, a la que le hemos dado un nombre que se usa con una frecuencia asombrosa: “princeso”. Para que sepan que EXISTE y se usa mucho. “Princeso” es un adjetivo calificativo, no es un insulto ni se usa de manera despectiva. Es un término que se ha normalizado. Hoy en día el hombre se deja atender, se hace manicura, es sensible a las películas de amor y no le da pena demostrar su estado omega.

    Sin embargo, yo me quedo pensando, ¿¡¿¡cuándo es que se acaba este trend!?!?

    ¿Por qué nosotras, que además de vivir dentro de un cuerpo que tiene cambios biológicos y estéticos demandantes a lo largo de nuestras vidas. ahora también tenemos que agregarle dificultad al convivio? No me parece.

    Entonces, les pregunto, ¿ustedes quieren al hombre de las cavernas, metafóricamente hablando, que salía a cazar (proveer), que traía comida para la aldea completa y que sacaba la piel del oso para hacer un manto y proteger a los suyos del frío (o sea, como Pedro Picapiedra, pero con mejores modales), o se quedan con su “princeso” sensible y vanidoso?

    ¿Qué prefieren, así o asá?


    Foto cortesía de Mónica Gúzman Zubieta

    Otros artículos