Hablemos del pasado. Ese lugar oscuro o nostálgico que, dependiendo del protagonista, uno quiere recordar con cariño y nostalgia o borrarlo con cloro de la memoria. Especialmente cuando el inventario incluye: exnovios, exmaridos, el “tinieblo” de la infancia o aquel vecino “gozón” que siempre saludaba de más y estaba disponible a toda hora.
Como yo me rodeo de gente como yo —es decir, humanos sinceros—, nos sentamos a calificar estas joyas. En esta ocasión todas hablaron desde el corazón: hubo odio, amor y sopotomil risas, pero sobre todo, honestidad.
Comencemos con lo que está mal.
El manual de lo que NO se debe hacer en una cita. Si sales con gente decente, guapa y educada, pues.
Una de mis amigas recordaba que, en sus tiempos, lo peor que te podía pasar era que el galán no se bajara del carro a buscarte a la puerta y se limitara a pitar desde afuera.Claramente, en esa época no estábamos tan empoderadas, así que aunque sabíamos que el date iba directo al barranco, igual nos subíamos al carro. Y tratábamos de colaborar.
Pero otra saltó con algo peor: ¡Que te dejen encerrada! El “caballero” se bajó del carro y, sin percatarse de que ella aún se estaba acomodando el pelo, ¡zaz!, le puso el seguro y caminó muy campante hacia el restaurante… solo. Digo, no se volteó a mirar a nadie, a ver si el tacón se había trabado en la acera, si la chica necesitaba ayuda saliendo del carro DEPORTIVO. O sea nada. Él así y ella asá.
Cuando ella logró salir (tras tocar el vidrio enérgicamente y casi hacer señales de humo para que la rescataran), llegaron a la mesa y el tipo remató: vio la promoción de “bebidas a 2×1” y, sin preguntar, pidió el combo.
Nota aclaratoria: Mi amiga es inteligente, guapa y siempre anda bien vestida. No estamos para encierros involuntarios ni para promociones de dudosa calidad en la primera cita. Eso déjalo para cuando haya confianza, ¡pero en la primera salida estaba muy, muy mal! Ni Christian Grey existía en ese entonces como para usarlo de referencia. Ya saben, por aquello del carro deportivo, los good looks y de los encierros y amarres.
Mandados y ‘misiones imposibles’
Así seguimos desahogándonos de esos dates de llanto. Yo, por ejemplo, detestaba que me pasaran a buscar para luego hacer una parada técnica en el cajero. O sea, si ya sabías que íbamos a salir, ¿por qué tengo que quedarme sola en el carro mientras tú vas por el efectivo? Me parecía tan… “doméstico”. Me invitas a salir, pero primero hay que hacer los mandados. ¡Next! Pero, bueno, como dije, antes una no era tan empoderada, así que una “fluía” y daba segundas oportunidades.
Mi medalla de oro al peor ‘date’
Sin duda, mi peor experiencia fue una noche que pintaba bien: baile, comida, amigos, todo perfecto. El problema fue el regreso. El carro se quedó sin gasolina en plena autopista, tarde, muy tarde en la noche.
Y ahí estaba yo, jamás sencilla, con mis stilettos, skinny skinny jeans, crop top one shoulder, pelo suelto despelucado, aretes extra large, muchas pulseras, smokey eyes…
¡Y me ves a mí con ese look EMPUJANDO el carro en medio del highway para que el hombre pudiera orillarlo! Todo para terminar llamando al highway patrol para que nos rescatara.
Claramente, ese pelao no me vio más nunca. Yo no me produzco dos horas para terminar llegando a mi casa en una patrulla. ¡No, señor!
Conclusión: Marte, Venus y la evolución
Al final, el dating game ha cambiado, pero la esencia es la misma: ellos son de Marte y nosotras de Venus. O como dice ese dicho que significa que somos multiplanetarios. O sea, cada uno de su planeta lejano. Lo bueno es que hoy las mujeres opinamos, pagamos y, si es necesario, dejamos plantado al susodicho en la mesa si la cosa no fluye.
La evolución y la revolución están aquí; solo nos queda aceptarlas, tolerarlas y, sobre todo, gozarlas… aunque los tiempos a veces se pongan “así y asá”. Lo más importante es reírse de lo vivido y siempre en buena compañía.
¡¡Salud por las amigas!!! ¡¡¡Y salud por el pasado!!!
Foto cortesía de Mónica Gúzman Zubieta



