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    El criterio como activo en el mundo que viene

    En un entorno global más fragmentado, con crecimiento moderado y riesgos persistentes, Visión 2026 propone una lectura basada en criterio, selectividad y gestión del riesgo, donde invertir deja de ser un ejercicio de predicción para convertirse en una decisión estratégica de largo plazo.

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    Durante años, la conversación económica global se movió entre extremos: o se hablaba de expansión acelerada o de crisis inminente; de crecimiento sin fricción o de colapsos sistémicos. Esa lógica binaria empieza a quedar atrás. El escenario que se perfila hacia 2026 es más exigente en términos de lectura y toma de decisiones.

    El documento Visión 2026, desarrollado por Invertis Securities, parte de una premisa que atraviesa todo su análisis: invertir bien ya no es un ejercicio de anticipación perfecta, sino de criterio sostenido en contextos complejos. En un entorno donde la volatilidad dejó de ser episódica y pasó a formar parte del paisaje, el foco se desplaza desde la predicción hacia la calidad de las decisiones. “Invertir bien no es adivinar; es decidir con claridad, con disciplina y con propósito”, plantea el informe al definir el marco conceptual desde el cual observa el ciclo que viene.

    El año 2025 se mostró, en esa lectura, como un punto de inflexión. No como una anomalía, sino como un período de transición que puso a prueba tanto a los mercados como a los inversionistas. Cambios en la política monetaria, tensiones geopolíticas persistentes y una redefinición de los motores tradicionales de crecimiento obligaron a afinar la lectura del entorno y a reforzar la gestión del riesgo. El aprendizaje que deja ese período es claro: la resiliencia ya no puede entenderse como resistencia pasiva, sino como adaptación inteligente.

    De cara a 2026, el consenso que recoge Visión 2026 apunta a un crecimiento global moderado, sin recesión generalizada, pero también sin los impulsos excepcionales que marcaron etapas anteriores. “El escenario global se presenta con mayor incertidumbre y una moderación del crecimiento”, advierte el documento, y subraya que los riesgos siguen presentes: valuaciones elevadas, niveles de deuda persistentes y tensiones internacionales que continúan condicionando el comportamiento de los mercados.

    Este contexto cambia la naturaleza del ciclo. No es un entorno hostil, pero tampoco complaciente: el margen de error se estrecha y las decisiones amplias, poco diferenciadas, pierden efectividad. En esa lógica, uno de los criterios centrales que emerge del documento es la selectividad como principio rector. La mayor dispersión entre regiones, sectores y activos refuerza la necesidad de priorizar calidad, disciplina y una visión de largo plazo.

    La geografía se vuelve relevante

    La divergencia regional es uno de los rasgos más claros del nuevo mapa económico. Estados Unidos y Asia mantienen un mayor dinamismo relativo, apoyados en motores estructurales como la inversión en tecnología y la resiliencia de la demanda interna. Europa, en cambio, avanza de forma más desigual, condicionada por desafíos estructurales persistentes, mientras que las economías emergentes exigen una lectura cada vez más diferenciada, país por país. “Las trayectorias regionales siguen mostrando una divergencia marcada”, señala Visión 2026, dejando atrás la idea de un crecimiento sincronizado a escala global.

    En este escenario, la geografía vuelve a importar. Elegir bien dónde invertir se convierte en una decisión tan relevante como el qué o el cuándo. La fragmentación geoeconómica, lejos de ser una amenaza abstracta, se traduce en flujos de capital más selectivos y en una mayor penalización de la fragilidad macroeconómica. Los mercados, como apunta el informe, tienden a premiar la solidez y a castigar la vulnerabilidad con mayor rapidez que en ciclos anteriores.

    Uno de los ejes estructurales que atraviesa todo el análisis es el avance de la inteligencia artificial. A diferencia de otros momentos de euforia tecnológica, Visión 2026 no aborda la IA como una promesa futura, sino como una fuerza ya activa que está reconfigurando la productividad, la inversión y la competitividad corporativa. “La inteligencia artificial representa una de las grandes fuerzas estructurales del futuro”, afirma el documento, al destacar su impacto transversal en múltiples sectores.

    Sin embargo, esta transformación no está exenta de tensiones. El informe introduce un elemento clave que suele quedar relegado en el discurso tecnológico: la energía. El crecimiento acelerado de centros de datos, infraestructura digital y servicios en la nube ejerce una presión creciente sobre la capacidad energética global, que convierte a la disponibilidad y confiabilidad del suministro en un factor crítico para la sostenibilidad del ciclo de inversión en IA. En ese cruce entre tecnología y energía se abren oportunidades, pero también nuevos riesgos, que exigen una lectura más integral del fenómeno.

    Más allá de la tecnología, el documento subraya un cambio relevante en la lógica de los mercados financieros: el regreso del ingreso como componente central del rendimiento total. Tras un largo período dominado por la apreciación de capital y la expansión de múltiplos, el entorno de tasas estructuralmente más elevadas devuelve protagonismo al carry, especialmente en renta fija y crédito. “El regreso del carry reordena las prioridades de inversión”, sostiene Visión 2026, y señala que los flujos de ingreso vuelven a ocupar un rol central dentro de las decisiones de asignación de capital.

    Este giro no implica una renuncia al crecimiento, sino una recalibración de expectativas. En un contexto donde la inflación permanece por encima de los objetivos y las tasas ya no operan en niveles excepcionalmente bajos, la estabilidad de los flujos se convierte en un ancla relevante para los portafolios. El ingreso deja de ser un rasgo conservador para transformarse en una expresión de racionalidad frente a un entorno más volátil.

    Siempre existen oportunidades para quien está preparado: invertir con criterio, disciplina y visión de largo plazo permite transformar la incertidumbre del ciclo económico en crecimiento sostenible.

    La renta variable, por su parte, enfrenta un escenario constructivo, pero exigente. El crecimiento de los beneficios empresariales continúa apoyado en mejoras de productividad y en la inversión corporativa, particularmente en torno a la inteligencia artificial. Sin embargo, las evaluaciones elevadas en ciertos segmentos aumentan la sensibilidad del mercado a episodios de volatilidad. En este contexto, Visión 2026 hace hincapié en la necesidad de un enfoque selectivo, donde la calidad de los fundamentos y la capacidad de adaptación de las compañías marcan la diferencia.

    De forma transversal, el documento insiste en un criterio que adquiere cada vez mayor relevancia: la gestión activa del riesgo. Lejos de concebirlo como una limitación, el informe propone entender el riesgo como una ventaja estratégica cuando se gestiona con disciplina y criterio. “El nuevo ciclo exige algo esencial: gestionar el riesgo no como una limitación, sino como una ventaja estratégica”, plantea el texto, y sintetiza una de las ideas centrales que recorren todo el análisis.

    América Latina y Panamá 

    En el contexto regional, América Latina llega a 2026 con un balance mixto. El informe destaca una mayor estabilidad macroeconómica en términos generales, aunque subraya contrastes significativos entre países. Brasil y México continúan siendo referentes estructurales, pero con dinámicas divergentes, mientras que economías como Perú, Paraguay y Uruguay presentan perfiles más sólidos desde la óptica de los mercados. La lectura que emerge es clara: la región ya no puede abordarse como un bloque homogéneo.

    Dentro de ese mapa, Panamá ocupa un lugar particular. Visión 2026 lo presenta como uno de los países con perspectivas de crecimiento más sólidas de América Latina, apoyado en su rol estratégico dentro del comercio internacional y en la normalización progresiva de la actividad del Canal. “Panamá se encamina hacia 2026 con una de las perspectivas de crecimiento más sólidas de la región”, señala el documento, aunque también advierte sobre la importancia de sostener la disciplina macroeconómica y de avanzar en políticas que refuercen la competitividad y la inclusión.

    Más que una excepción, Panamá aparece como un caso de continuidad en un entorno regional fragmentado. Su atractivo relativo no se explica por ausencia de desafíos, sino por la capacidad de sostener un marco de previsibilidad en un contexto global más exigente.

    En conjunto, Visión 2026 no propone certezas ni recetas universales: propone criterios con un enfoque que adquiere un valor particular: “Siempre existen oportunidades para quien está preparado”, afirma el documento.

    Prepararse, en este contexto, no implica anticipar cada movimiento del mercado, sino construir una mirada capaz de integrar contexto, riesgo y horizonte de largo plazo. Implica aceptar que la incertidumbre no desaparecerá, pero que puede ser gestionada con inteligencia. Y, sobre todo, involucra reconocer que, en el ciclo que viene, el verdadero diferencial no estará en acertar siempre, sino en decidir bien de manera consistente. 


    Fotos Unsplash & Pexels

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